A TI Y A TODAS

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A TI Y A TODAS

Hoy es uno de esos días en los que siento que, si pudiera, correría hasta mi casa. Una prisa irracional me invade, hoy que el cansancio ha ganado la batalla.

Llega el autobús a la parada y solo quiero hundirme en el asiento. Saludo al conductor, que ya conozco de vista porque llevo cogiendo esta línea toda la vida; aquí las cosas nunca parecen cambiar demasiado.

Camino tambaleándome en busca de un asiento, no sé qué es lo que me lleva a escogerlo. A veces tengo la sensación de que la vida me maneja como a una marioneta. Simplemente me coloca, donde ella quiera.

El sitio que elijo es uno de esos que son pares, donde buscas una complicidad invisible con la persona de al lado. Puede que en este momento la esté buscando contigo.

Parece que ocupas poco, una criatura pequeña asustada en su madriguera. Tus piernas de alambre se desenredan para facilitarme el paso. Me fijo en tus zapatos rojos, gastados, que envuelven quizás unos pies malheridos.

Todos estos pensamientos vienen juntos como una ráfaga, un chispazo, antes incluso de darme cuenta de que estás hablando por teléfono.

–  ¡Pero mamá, si es que solamente he salido cuatro horas de casa y ya me está llamando mi suegra! ¡Vete a saber qué tontería me cuenta esta vez!

Me sorprende el tono tan duro que utilizas, cargado de ira. Me la transmites sin tapujos a través de tus palabras.

–  No me puedo encargar yo de todo. Estoy harta – tu tono se aplaca -; – además esa mujer pone de los nervios a la niña, tendrías que verla.

Comienzas a morderte las uñas y, según hablas, no puedo dejar de visualizar tu vida. Tú volviendo tarde del trabajo, las llaves que tintinean en tu mano se introducen lentamente en la cerradura. Rezas para que algo cambie…  Acto seguido entras, nerviosa, finges que todo va bien, que no estás molesta, tratas de abrazar a tu hija sin transmitirle amargura. Te imagino preparando la cena, agotada, nadie la valora. Tu suegra con malas caras, tú fregando, a punto de llorar…

– Ni siquiera puedo salir a tomar algo con mis compañeros… Sí, sí, te entiendo…  Pero, joder mamá, ¡es que no tengo vida más allá de ellos! …  Que sí, que yo sé que Antonio me necesita, pero ¿hasta qué punto me compensa si cada vez que estamos juntos nos amargamos? No soporto sus groserías.

Se produce el silencio unos minutos; una intriga que detiene el mundo se suspende en el aire. No tengo el privilegio de escuchar la voz de tu madre al otro lado del teléfono, aun así sé que es un bálsamo omnipotente que despeja cielos, abre horizontes. Esa voz forma parte de un puzle al que le faltan piezas; voces de otro tiempo que se han perdido para siempre.

Noto movimiento a mi lado, sé que ha llegado tu parada. Me pides paso amablemente, utilizas una voz tan suave conmigo que me sorprende que seas la misma mujer. Pienso lo mucho que debes de brillar cuando estás feliz, en calma.

Te sonrío, intento transmitirte fuerza, ya nunca sabré si te llega. El resto del trayecto me quedo pensativa.

No es la primera vez que escucho una conversación entre dos mujeres que, frustradas, tratan de buscar comprensión. Mujeres que cargan con el peso de una casa que ahoga, de unos hijos que quitan la energía y de un marido que pierde sus modales más rápido de lo que pierde el pelo.

Me duele seguir oyendo voces rebeldes cuya rebeldía es apagada por la vida; quiero gritar con ellas.

Por eso, hoy, once de febrero, a ti mujer desconocida del 29 quiero decirte con mi débil sonrisa que estoy contigo, que somos una. Llegará un día en que el mundo sea más fácil para nosotras.

O no.

Ilustración-Sara-Martorell

  Laura Martorell

Mago Blanco

Mago Blanco: Fº Javier Flores Nácar Administrador y Creador del "Grupo Si Estas Estoy y del programa de Radio-Online Sonidos Flamencos. Apasionado del Diseño Web, la música, la originalidad, las personas,, Un amigo si tu lo eres... Si Estas...Estoy...

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1 Comentario

  1. CCG dice:

    Me parece que lleva una vida estresada, quizás con poco orden por el exceso de tareas o, tal vez, por el exceso de responsabilidades. No me parece que haya intentos por convivir por parte de ninguno de los miembros de esta unidad,.., y lo suelo pagar la persona más entregada a todas las cosas y a los más cercanos a la mujer. No me creo psicólogo y tampoco sociólogo.

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