El amor en la madurez

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Ricardo Ruiz de la Sierra

Una amiga próxima a celebrar sus bodas de oro, me dijo una vez en privado:

—“Después de tantos años de matrimonio ya no hay amor” —

Yo me quede sorprendido por la rotundidad con la que lo había afirmado. Dada su experiencia en este asunto y su habitual franqueza note que lo había reflexionado con calma. Pensé que se debía a no haber resuelto pasados conflictos de pareja o no haberse perdonado mutuamente. Inmediatamente me entristecí porque les envidiaba, se les veía bien juntos, con mucha paciencia el uno para el otro en público. A lo mejor, mi amiga, con tres hijos, buena profesional hasta la jubilación y con inquietudes intelectuales había sido una esposa cobarde, resignada al desamor de puertas para adentro del dormitorio conyugal.  Ambos son muy educados y cultos. Pero luego añadió:

Sin embargo es mi mejor amigo. Aunque no le ame aún le admiró, me considero una afortunada por haber envejecido con alguien tan bueno que, como nunca me ha hecho sombra, he crecido junto a él como una naranja entera. Estuve enamorada muchos años, cuando tenía una visión irreal de las cosas, en el fragor de la crianza compartida nuestra pareja pasó a un segundo plano y aunque nos hemos reencontrado desde que remamos por aguas más tranquilas: la pasión, como nuestra juventud, han desaparecido. Ahora el deseo despierta de semana en semana (a veces antes pues solemos luchar contra la rutina) pero conectamos inmediatamente, sabemos lo que más nos gusta. Que yo sepa me ha sido infiel una vez y yo otra, aunque él lo ignora, pues siempre dejamos correr el aire entre las columnas que sostienen nuestra vida en pareja. Hoy en día la infidelidad es casi inevitable, pero no sale gratis. En mi caso sirvió para darme cuenta de lo que podía perder y como no se prolongó en el tiempo no se lo conté. Durante ese periodo se confundieron todos mis sentimientos y al despertar no me reconocí en ese estrés desleal.

   —Él es ahora mi bastón y yo sus ojos durante la semana y en el fin de semana nuestros hijos y nuestros nietos. Es maravilloso reunirnos toda la familia. Cuando estoy nerviosa, me aguanta, cuando algo me preocupa él se ocupa conmigo, cuando estoy triste se muestra tierno, de médicos, muy común a nuestra edad, nos acompañamos. Le estoy agradecida, me ha hecho la vida más agradable. Eso es lo que hace un hombre cuando quiere a una mujer y una mujer cuando quiere a un hombre lo demás son pamplinas de Hollywood. Nunca querré a nadie tanto”.

El amor en la madurez - Ricardo Ruiz de la Sierra

El psiquiatra Erich Fromm escribió: “El amor es la necesidad más profunda que tiene el ser humano.” Los hijos y el marido de mi amiga la han cubierto en “cotidianeidad feliz”, que tanto valora el filósofo A. Comte. La convivencia de los enamorados mata la pasión, pero a cambio el conocimiento mutuo y la generosidad hacen madurar al amor, aunque del bautizo a la comunión quizás se transforme en amistad o se pudra como aseguran algunos. “El intimo deseo de durar”, según el filósofo, nos ayudará día a día a aguantar mejor las fantasías de realización plena “en otro lugar” que asaltan a la cabeza o tientan al sexo, añoranzas de la adolescencia frente a la realidad: la permanente insatisfacción del ser humano.

La vida de hoy tiene muchas posibilidades de relación personal y la novedad nos difumina frecuentemente la importancia de lo cotidiano. Algunos se pasan media vida yendo a ver quién llama a la puerta, dejando siempre que traspase el umbral el último viajante. Muy a menudo confundimos el sexo, el cariño, la amistad con el amor. Vivimos enamorados en vez de amando.

Que no nos engañen, donde el amor maduró siempre habrá amor y genera un sueño recurrente si hay una separación y, una cicatriz que nunca deja de supurar (ni en la descendencia). Y donde no hubo amor verdadero por insinceridad, falta de respeto, etc., sí que lo habrá “en otro lugar”. Hay segundas oportunidades para los desafortunados que no duraron a pesar de esforzarse (porque Dios o el destino hacen que se junten). Si te encuentras solo y con las maletas en el andén de la estación de la madurez ten calma no estás perdido, arribarán otros trenes que te llevarán más lejos.

Los nuevos “enamorados del amor” inmersos en el egoísmo materialista y social son profesionales brillantes que intentan vivir lo irreal en su vida unifamiliar, empachados de comerse todos los dulces que pueden, embriagados por no perderse una fiesta y adictos del sentir antes que del reflexionar. Juegan los papas a Peter Pan, mientras sus hijos hacen de adultos en todos los programas de televisión. Comte, alerta sobre: “esa enajenación mental transitoria… que muchos contemporáneos reivindican como una droga revitalizadora” en mi opinión no satisface la necesidad de amor autentico ni siquiera proporciona más momentos de felicidad que a mi amiga, “con todo lo que se ha perdido“. El mejor amigo, el del derecho a roce, al que una vez amó y que además es el abuelo de sus nietos debe ser la mejor compañía en la “radical soledad del hombre”, que afirmaba otro filósofo, Ortega y Gasset.

Ricardo Ruiz de la Sierra

Ricardo Ruiz de la Sierra, es un escritor que empezó a escribir movido por su inquietud humanística y el interés hacia la espiritualidad y colaborador de medios tan prestigiosos como el periódico “ABC” y diversas publicaciones en cartas al director en “El Mundo” de Valladolid y “El Norte de Castilla”, actualmente coordinador de las jornadas literarias de Ateneo Escurialense.

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  1. 21 febrero, 2018

    […] Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: El amor en la madurez […]

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