Camilo José Cela y el arte, el vínculo creativo.

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Alberto V. Jiménez Muñoz

La comunicación del alma, llevada a la expresión física y cotidiana, requiere un alto nivel. El ser humano siempre tuvo necesidad de comunicarse, más el alma requiere matices que se apoyan en la capacidad creativa para llevar al mundo terreno, algo cuya expresión fidedigna queda siempre sesgada pues no hay herramienta, sea palabra, sea pincel, sea buril, capaz de hacer réplica incluso de los matices del alma y del sentimiento que son los que mandan realmente en la esencia de cada uno. Como decía el poeta, el genio se las ve difíciles para hacer emerger a sus hijos, a veces por caminos tortuosos y retorcidos, y llegar a ver la luz. Por otro lado, la interpretación de quien “escucha” tal lenguaje de alto nivel, tal manera de expresión, bajo su propio código de sentir, puede derivar en nuevos matices que saliéndose del tronco expresivo pueda engendrar nuevos elementos en quien es receptor de esa comunicación. Tal lenguaje es el arte. El arte depende de la creatividad, sea a nivel de escritura, pintura, música, interpretación, etc…no es algo medible. Me viene a la cabeza la película “El club de los poetas muertos”, donde el profesor, desgarra del libro de texto de literatura, las páginas que hablan sobre el método para la puntuación de poesía o poemas.

Hace unos días, en Valladolid, acudí a una exposición de “Cela, arte y pintura”, movido por mis lecturas hacia la obra de Don Camilo, y mi admiración por el dominio y precisión que tenía con el lenguaje y su utilización precisa y sin salirse de esa precisión absoluta, a veces malabar. Recordé la relación de este escritor y sus andanzas por el pueblo en los veranos de 1943 y 1944, sus desplantes taurinos…

Hace años empezó por cautivarme con su obra “Judíos, moros y cristianos”, donde advertí ese dominio y precisión del lenguaje. Posteriormente “La familia de Pascual Duarte”, escrita mientras trabajaba en una empresa de textiles, etc…Todo esto me movió a ver la exposición sita en el “Centro comercial las francesas”, emplazado en el solar de un antiguo monasterio, sacrílegamente derruido por la piqueta, como tantos, en 1977, quedando en pie su claustro y la iglesia reformada en sala de exposiciones. Allí estaba “presente” Cela, a través de su recuerdo mediante aquel proyecto llevado a cabo por él en sus estancias en Palma de Mallorca, la célebre revista “Papeles de Son Armadans”, cuyo primer número vio la luz en 1956 y que estuvo tal publicación vigente durante treinta años, publicando mensualmente, hasta el año de 1988.

Para ello Camilo José Cela contactó con los intelectuales del país y del momento, intentando traspasar las fronteras, y traer a sus líneas también a Alberti. Así contactó con escritores, como Max Aub, Emilio Prados, Luis Cernuda…o artistas en pintura cuales Joan Miró y Pablo Picasso, por ejemplo. Para ello, en muchos casos se desplazó, surgiendo curiosas anécdotas alrededor de su persona. No era para menos, una persona con esa seguridad infranqueable que buscaba el objetivo fuese como fuese y cual rompehielos llegar a él, que en discurrir crease situaciones dignas de anecdotario, a veces absurdas inteligentemente graciosas.

Para llegar a ver a Picasso, tuvo que sortear un entramado de dificultades, que se expresan en cuatro cartas enviadas a Charo, su mujer, desde el hotel Mont-Fleury más sorteadas estas, pudo entrevistar a Pablo Picasso, cuya personalidad fuerte, muy semejante a la de Cela, podía dar lugar a recelos y conflictos, mas aquello no ocurrió puesto que ambos llegaron a respetarse apreciarse y valorarse mucho, eso sí, midiéndose constantemente. Así reza que, tras tantas inclemencias para llegar a Picasso, después todo fue como la seda, aun así, se midieran constantemente por el rabillo del ojo. En eso Picasso soltó a Camilo José Cela algo así “No sé tú, pero yo me voy a echar mi siesta, puedes mirar mientras estos dibujos, y coges para ti el que quieras.…

Esto entendió Camilo José Cela, que era una prueba, que, si cogía, alguno de los dibujos, los cuales iban con firma del ilustre artista, la entrevista hubiera terminado, por lo que al volver de su siesta Picasso, preguntó a Camilo ¿qué, no te ha gustado ninguno…? se miraron por el rabillo del ojo comunicándose todo, y gracias a ello la entrevista siguió, siendo esto motivo de mayor aprecio y respeto entre ambos.

Entrevistar a Miró fue diferente, pues brotaba constantemente en el pintor el niño que tenía dentro y era harto difícil pues en las entrevistas el artista tardaba mucho en responder a las preguntas, se las repensaba para acabar con un monólogo, un simple sí o un no, un uf, o un ah, mas Cela supo sacar al Miró comunicativo, para la revista, y al ver este el número prototipo donde iba a salir el artículo hablando de él, Miró quedó encantado, tanto que el pintor pidió a Cela que si podía echar a éste una mano en otras entrevistas que le pedían desde todo el mundo.

Dos anécdotas sobre cuadros, subrayan lo indicado anteriormente. Una fue en la que CJC rasga con un cuchillo un falso Miro pintado por Viola, el cual Charo, su mujer, cose y Miró pintó de nuevo por encima, narrando en el dorso la historia.

La otra anécdota también se refiere sobre otro cuadro falso, un falso Chagall, también pintado por Viola. CJC sabiendo que su hermana tenía un amigo de tal pintor, le encomendó a este, llevar el cuadro a dicho pintor, para que certificase su autenticidad. Para que fuese más creíble la treta, encomendó al intermediario y amigo de Chagall, Gabriel Dereppe, firmar un contrato en el que se comprometía Dereppe a devolver la tela en 25 días o en su caso, abonar la cuantía de doscientas cincuenta mil pesetas de la época. Ya en París, Chagall, malhumorado, al ver el cuadro escribió en tal “Cest un faux” a trazos grandes, añadiendo en francés “la firma es falsa”.

La exposición como digo cuenta con obras de estos pintores, dedicadas al escritor, como escritos y cartas de este sobre y a estos artistas, así como las muchas referencias a la publicación “Papeles de Son Armadans”, que dio pie a esa relación profesional y en muchos casos familiar entre el escritor y estos artistas e intelectuales.

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