Como hacer las cosas bien


 

Como hacer las cosas bien

Ricardo Ruiz de la Sierra

¿Cómo se hacen bien las cosas?

Supongo que haciéndolas lo mejor posible dentro de nuestras circunstancias. Muchas veces lo “bien hecho” es enemigo de lo ético. Por ejemplo: eliminar a los judíos cumpliendo la ley (“de la solución final”), como hicieron tan eficazmente muchos alemanes. Antes las madres, que no solían trabajar fuera de casa, repetían: “las cosas se hacen bien o no se hacen” lo que ha provocado mucho estrés en sus hijas al intentar ser unas trabajadoras, madres, esposas y criadas perfectas. Nuestra salud física y mental puede verse comprometida por ese mal consejo, reproche u orden, convertida en auto exigencia o sobreesfuerzo. Cuando me critican lo que he hecho con: “las cosas hay que hacerlas bien” siempre pienso “me estás diciendo que lo haga a tu manera, como tú crees que lo haces, has hecho o harías” (que suele distar un trecho de la realidad). El perfeccionista suele sufrir bastante y hace sufrir a los demás. Nadie sabe cómo se hacen bien las cosas o si están bien hechas. Hay muchas formas de hacerlas bien, siempre que uno se esfuerce, tantas como personas o contextos.

 

En el mundo laboral, a pesar de los reglamentos, no es lo mismo que actúe un principiante que un veterano, que haya imponderables, problemas personales, presión, conflictos entre empleados, etc. Lo normal es que hagamos las cosas como buenamente podemos, porque la responsabilidad se debe suponer a cualquiera, así como la toma de decisiones, añado yo. El trabajo se suele realizar de una manera ligeramente distinta a como indica el procedimiento porque la práctica requiere sentido común. En toda faena hay cosas importantes y otras que no lo son tanto, por lo que en condiciones adversas la elección del trabajador por las primeras soluciona mejor los problemas. En todo caso se debe corregir de forma constructiva, ser comprensivo con los errores (todos los cometemos) y no buscar tanto culpable. En definitiva, motivar para que la persona se supere. Por eso en las empresas modernas se buscan liderazgos emocionales, expertos en resolución de conflictos y autoridad moral.

A veces hacer las cosas regular es la mejor opción cuando no tenemos tiempo. Es mejor hacerlas a medias y completarlas más adelante que te de un infarto. De chapuza solo se puede calificar un acto cuando se demuestra desinterés. El pasota suele ser un trabajador en precario. Desde que no se trabaja con pico y pala tampoco hay vagos. Para que las cosas se hagan aceptablemente bien la política laboral debería ser: “ten contento al empleado”. Además, hay que asegurarse de que las instrucciones están claras, que la formación es suficiente (en caso de programas informáticos nuevos es muy importante) y que las condiciones en las que se lleva a cabo el trabajo son las adecuadas (el olvido es más frecuente con sobrecarga laboral).

Hay ocasiones en que hacer las cosas mal es la mejor opción. Por ejemplo: cuando nos dan una orden injusta. Otras veces el no hacerlas es un avance, como cuando alguna ama de casa se negó a planchar y resultó que “la arruga es bella”. Estamos cada vez más condicionados por las máquinas y los softwares que las gobiernan que solo distinguen entre el sí o el no, se puede. Estas herramientas no nos proporcionan mayor tiempo para “hacer las cosas bien” sino para hacer muchas más cosas que antes y a menudo mal por falta de tiempo. No se permite la toma de decisiones por parte del trabajador y la virtud humana de la flexibilidad se considera directamente una negligencia. Siempre ha habido personas intransigentes que intentar simplificar la vida, hacerla previsible. Según Eric Fromm en el fondo quieren matar la vida. Parecen algoritmos, solo distinguen entre el bien y el mal, entre el blanco y el negro sin gama de grises. Están convencidas de que las normas, los reglamentos y las leyes abarcan cada aspecto de la realidad. No hay otra interpretación posible que “el pie de letra” como los textos sagrados de las religiones (como si las hubiera dictado un Dios en vez de los políticos). Pero, la vida insiste en sorprenderlos con su incertidumbre, complejidad, diversidad, y aleatoriedad. Juntos es lo más cerca que podemos estar de la verdad, por lo que la mejor forma de hacer las cosas es hacerlas entre todos. La inteligencia colectiva solo aparece cuando se trabaja en equipo (difícil en el teletrabajo). Cada uno tiene una visión, algo que aportar, por eso el mundo progresa y los procedimientos se quedan obsoletos. De hecho, muchos adelantos se escriben con renglones aparentemente torcidos por gente que se atreve a hacer las cosas mal o de forma diferente. Grandes inventores son tildados primero de locos (los que se empeñaron en volar), importantes descubrimientos ocurrieron por errores en el laboratorio: como la penicilina o los rayos X. Alguna vez por intentar hacer bien las cosas producimos dolor. Como el accidente de tráfico que sufrió una persona al llevar una copia de un papel sin importancia que le reclamó un funcionario para archivar.

Las cosas están bien hechas depende el prisma con que las mires.

Las cosas están bien hechas depende el prisma con que las mires.

Dice A. Rojo (directora de recursos humanos del instituto de empresa) que “el mejor trabajador es el que sabe controlar sus emociones”. Ósea, que para una empresa es mucho más importante el buen trato con los compañeros o con el público que los expedientes por minuto resueltos como dice el jefe. En lo único que hay que hacer “bien las cosas” es en intentar ser buena persona, incluso cuando nos enfadamos. Solo soy perfeccionista en procurar un buen ambiente en el trabajo, en el hogar y evitar sufrimiento humano.

 


Ricardo Ruiz de la Sierra

Ricardo Ruiz de la Sierra, es un escritor que empezó a escribir movido por su inquietud humanística y el interés hacia la espiritualidad y colaborador de medios tan prestigiosos como el periódico “ABC” y diversas publicaciones en cartas al director en “El Mundo” de Valladolid y “El Norte de Castilla”, actualmente coordinador de las jornadas literarias de Ateneo Escurialense.

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