Confesión

Es Manuela Alvarado la que en esta ocasión nos manda un bonito relato, desde el ‘Taller de Escritura’ de Tomas G. Yebra, en el que [email protected] nos podríamos ver refle[email protected]

Cosas de un Pueblo.


Suena la campana como cada día a las ocho y media, las niñas ya están en fila a la puerta de la capilla, ella es la primera, siempre es así, su apellido empieza por la A.

Hoy es viernes y a ella le duele tripa; todos los viernes, mientras desayuna, le pregunta a su madre si se puede quedar en casa, que se encuentra mal, y ya sabe la respuesta, ¡date prisa y deja de quejarte, que vas a llegar tarde!

Escucha la voz de la madre superiora, ¡señorita A. entre en la capilla!, y como todos los viernes ella baja la cabeza con sus dos trenzas, se mira los zapatos, siempre recodara la marca Gorila, y arrastra sus pies hasta la ‘caja oscura’, se arrodilla y escucha la voz y respira aquel aliento… ¡Niña confiese sus pecados! No tengo pecados, padre, y comienzan las preguntas sin respuesta, el mal humor del padre, siempre lo mismo.

Abre sus ojos y siempre está en el suelo, escuchando la voz de la madre superiora. ¡Señorita A. levántese ahora mismo, esta actitud no es de una buena cristiana, vamos a llamar a su madre y va a volver a estar castigada!

Su madre en casa la regaña. Le dice que le ha dado un disgusto, que tiene que ser buena con las monjas y con el cura de la ‘caja oscura’, y que si no lo hace estará cometiendo pequeños pecados.

Con esas palabras su madre le salva la vida. Los siguientes viernes ya tuvo pecados que decirle al padre de la “caja oscura”, él le ponía penitencias, que ella no cumplía para seguir teniendo pecados que contar y no marearse y estar castigada.

Cuando se hizo mayor jamás volvió arrodillarse en la ‘caja oscura’ y tardó muchos años en entrar en una capilla, y todos esos recuerdos los metió en lo más profundo de su subconsciente.

Un día, un experto en estudiar la mente, le hizo recordar y entrar en la profundidad de su subconsciente, y juntos descubrieron que sus primeras crisis infantiles de ansiedad fueron en el confesionario.

 

Manuela Alvarado

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