Confinados ilustres: (III) Vivir en un zulo


 

Vivir en un zulo

Burgos, 17 de enero de 1996. El funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara regresa de su jornada laboral en la cárcel de Logroño. Hacia las cinco de la tarde, el automóvil entra en el garaje de su casa burgalesa. Allí están esperando dos etarras, José Luis Erostegui y Jesús María Bolinaga. Nada más abrir la puerta del coche, los etarras le abordan pistola en mano. Tras un ligero forcejeo le narcotizan, le vendan y lo introducen en el maletero.

A las afueras de ciudad, en la Nacional 1, están esperando otros dos terroristas, Xabier Ugarte y José Miguel Gaztelu. Cogen al funcionario y lo meten en un camión que simula transportar un enorme compresor de aire. Dentro del supuesto compresor (estaba hueco) ingeniaron un habitáculo para poder acoplarle. El camión arranca y se dirige al País Vasco. A mitad de camino, un control rutinario de la Guardia Civil da el alto. Los agentes piden la documentación al conductor y, al no encontrar ninguna anomalía, indican que siga su camino.

Así comenzaban los 532 días de cautiverio de José Antonio Ortega Lara, de 37 años. El 17 de enero de 1996 pesaba 76 kilos. El día que le liberaron, 1 de julio de 1997, la báscula marcaba 52.

Le introdujeron en un zulo de tres metros de largo, dos de ancho y 1.80 m. de alto. Los etarras, debido a la proximidad del río Deba, forraron las paredes con plásticos y madera a fin de amortiguar la humedad. Todo un detalle. La cúpula de ETA exigía el acercamiento de presos a cárceles vascas, de lo contrario Ortega Lara sería sacrificado.

Desde el minuto uno, la policía y la Guardia Civil despliegan sus operativos. Son  muchos meses donde los confidentes (de buena y de mala fe) ofrecen pistas, pero ninguna lleva a buen puerto.

A raíz de la incautación de material al comando Vizcaya, la Benemérita y agentes del Servicio de Información de Guipúzcoa comienza a atar cabos. Todos los indicios señalan a una persona: José María Uribecheverría Bolinaga. Los agentes montan servicios de seguimiento que conducen hasta una nave de la empresa Jalgi, en el municipio de Mondragón. Bolinaga y otros tres sujetos merodean por el lugar. Compran fiambres, huevos, congelados, pan. El taller está abandonado. No se aprecian movimientos de trabajo alguno. Las cuatro personas se turnan para introducir comida. Ortega Lara tiene que estar allí.

1 de julio de 1997, cuatro de la madrugada. La Guardia Civil detiene a los cuatro etarras, quienes dormían en sus respectivos domicilios. A José María Bolinaga le  trasladan hasta la nave para que sea testigo de la inspección. “Se equivocan; allí no hay nadie”.

Efectivos de la UEI (Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil) comienzan a rastrear el suelo y las paredes. Es una búsqueda anárquica, pues la nave está plagada de maquinaria, piezas metálicas y trastos inservibles. En las dos primeras batidas no encuentran nada. “Ya se lo he dicho; se equivocan”, insiste el etarra. Desde Madrid se había trasladado el juez Baltasar Garzón, perejil de todas las salsas. El juez de acercó varias veces al secuestrador. “Aquí no está ese carcelero que buscan”.

Habían transcurrido unas cuantas horas. Ni rastro. El juez Garzón estuvo a punto de arrojar la toalla. “Han trabajado bien, pero no ha podido ser”, le dijo a un capitán de la Guardia Civil. “Señoría, estamos convencidos de que está aquí”, respondió el capitán. “Los zulos no se abren como las latas de conservas”.

De repente, un guardia civil tuvo un pálpito. Vio una extraña máquina cuyo asentamiento le hizo sospechar. Entre varios agentes retiraron los anclajes y, con una grúa (la máquina pesaba tres toneladas), la desplazaron. En el suelo había una trampilla en forma de cilindro. El juez Garzón le pregunta a Bolinaga y, ante la evidencia, el etarra confirma que allí se encuentra Ortega Lara. El secuestro más largo de ETA había llegado a su fin.

La represalia de la banda terrorista fue secuestrar a Miguel Ángel Blanco, cuyo cuerpo fue encontrado con dos tiros en la nuca el 13 de julio de ese mismo mes.

Los cuatro etarras fueron condenados a cientos de años de cárcel. Sobre ellos  recaía, además del rapto, varios delitos de sangre. Todos están libres, excepto Bolinaga, que falleció en 2015 a causa de un cáncer.

 

Tomás García Yebra

 

 

   (continuará)  

 


Mago Blanco

Mago Blanco: Fº Javier Flores Nácar Administrador y Creador del "Grupo Si Estas Estoy y del programa de Radio-Online Sonidos Flamencos. Apasionado del Diseño Web, la música, la originalidad, las personas,, Un amigo si tu lo eres... Si Estas...Estoy...

Cosas de un Pueblo no se hace responsable de los comentarios vertidos en la web. Todo usuario que comente por primera vez pasara por un control de aceptación. No se publicarán, insultos o demás que puedan resultar ofensivos para cualquier persona. Los comentarios con mails "temporales" no serán publicados, y se les identificara como spam. Solo aceptamos correos “verdaderos” como: Hotmail, Gmail, Outlook, Yahoo… .

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de privacidad, pinche el enlace para mayor información

ACEPTAR
Aviso de cookies