DÍA DE SAN SEBASTIÁN. “Hura da santua,´ta Hau da Herria” (Aquel es el santo, y éste, el Pueblo).

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Desde Donostia, nos remite este tan triste como real suceso un lector, al cual debemos decir nos honra por seguirnos de tal lejanía, y agradecerle que nos traiga la realidad de lo que vivimos hoy en día, y de lo que seguimos sufriendo a manos de los poderes facticos, en este que llamamos nuestro país pero en el fondo es de “ellos”, e Igor nos lo cuenta de primera mano y de inmejorable forma.

Gracias por tu artículo, por leernos y por acercarnos a la realidad.

Cosas de un Pueblo.


En esta sociedad interconectada, hiperconectada, supuestamente socializada en red, uno acaba indignándose y compartiendo la noticia del desahucio de un anciano de 84 años desconociendo que es su propio vecino desde hace 30 años. Fue el lunes, gracias a Stop Desahucios, su presencia y capacidad de movilización, cuando un servidor se encuentra con el sopapo de realidad, en un proceso iniciado hace ya tiempo, con un juicio de por medio y esa pretendida coletilla de “no hay otro camino” que nos ha desactivado tantas veces en este tormento inquisitorial eterno desde “el inicio de la crisis”.

Como ocurriera con las cruzadas contra los “herejes”, el enemigo es el verdadero “cristiano”, aquel que cumple los preceptos (las leyes) de forma más estricta. Usted y yo, que pagamos religiosamente todos los impuestos, mientras la curia y la nobleza hacen de su capa un sayo. Y la cruzada era hoy a las 9,30AM contra Patxi, profesor jubilado, recientemente enviudado, con una hija, una nieta y un biznieto de menos de un año.

Patxi era culpable, lo es, y lo seguirá siendo. Lo dice la Justicia. Es culpable de ser un profesor jubilado. Por haber sido profesor, es ya experto en créditos y tejemanejes de los usureros que quedan limpios de polvo y paja, y con un piso de 250.000€ por un desembolso de 125.000€ trámites y costes incluidos.

Patxi era culpable, lo es, y lo seguirá siendo. Lo dice la Banca. Es culpable de ser octogenario y de que la Banca no quiera más pisos como garantía de créditos que se terminarán de pagar por sus herederos… Es culpable de cobrar 700€ de pensión. Es culpable de haber nacido al sur de los Pirineos y no tener stock options ni SICAVs, como todos los que pagamos la “crisis”.

Patxi era culpable, lo es, y lo seguirá siendo. Lo dice el Ayuntamiento. Por eso sólo le ofrecía ingresarlo, vía servicios sociales, en una residencia de ancianos, y permitía que el desahucio fuera ejecutado el 18 de enero, a escasas 24h del inicio de la fiesta más representativa de su ciudad: una tamborrada constante durante un día entero. Puro ruido…

Y es el ruido lo único que podemos hacer. Ruido para despertar conciencias sociales, de los ciudadanos, de los medios y hasta de las instituciones. El Ruido que hace Stop Desahucios. El Ruido que llega al corazón de los que aún tienen alma o un mínimo de vergüenza, sabedores que de permitir semejante atropello estarían cavando su propia tumba política.

Un tambor solo no va a ningún lado. Es un loco que acaba detenido. Decenas, centenares de ciudadanos aporreándolo por las calles acaba marcando un día festivo. Como lo ha sido hoy para Patxi conseguir “lo imposible”. Porque hoy, a Patxi, tras negársele el crédito en los bancos, el apoyo en las instituciones y la razón en los juzgados, tras portazos continuados a cada propuesta de negociación (alquiler social hasta el fin de sus días, pasando el piso a ser propiedad del prestamista a su muerte), hoy lo ha conseguido. Hoy ha sido posible… y lo ha conseguido el ruido.

Un ruido que pone nombres y apellidos, “señor” Gorordo, señor prestamista al 19,5%, señor usurero, señor “no negocio”, señor “me dan la razón los tribunales”… ¿qué ha cambiado, señor Gorordo, en 24? Ha cambiado que se ha empezado a hacer ruido con su nombre y apellidos. ¿No está usted orgulloso de sus actos? ¿No es legal su actividad? ¿No es un buen negocio invertir 100.000€ para obtener 120.000€ en 6 meses, o quedarse con un piso valorado en 250.000 en una subasta en la que sólo puja usted por 125.000€?

¿No le gusta a usted el espejo y la luz sobre su cabeza? Aprenda a convivir con ello, porque como se desvíe un milímetro sobre lo acordado para acortar a base de disgustos la vida de Patxi, lo van a conocer a usted, a su familia y a sus negocios, hasta en Mozambique.

Dicen que el máximo galardón de la ciudad es la Medalla de Oro… no lo es. Para los donostiarras el máximo premio que se pueda dar en nombre de la ciudad, y de sus ciudadanos, es el Tambor de Oro. Este año ha quedado oficialmente desierto. Extraoficialmente, es de Stop Desahucios. Hoy bajo la nieve a -2 grados.

Igor Álvarez es lector de Cosas de un Pueblo y vecino de Patxi

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