DISFUNCIONES SEXUALES EN EL HOMBRE.

Sergio García Soriano

Pregunta ¿Qué es la impotencia psíquica?

Respuesta -La impotencia psíquica es la enfermedad para cuyo remedio se acude a la consulta del psicólogo con más frecuencia. No existe persona alguna que no haya padecido por un momento de impotencia o frigidez. Esto nos ha de llevar a considerar que cuando hablamos de impotencia no debemos pensar todo el tiempo en un pene erecto o flácido, sino en situaciones diversas en las cuales la persona, hombre o mujer, no alcanza el culmen cuando éste es esperado.

Viéndolo desde un punto de vista amplio, las relaciones sexuales no son más que una de las múltiples expresiones de la vida de la persona, una perturbación de las mismas apunta a una manera insana de relacionarse con la sociedad. La pulsión sexual no tiene como fin principal la reproducción, sino la consecución de placer, por ello la conducta sexual de una persona es el prototipo de todas sus demás reacciones. Un impotente en sus relaciones sexuales será probablemente impotente para otras facetas, por ejemplo tomar decisiones, comer, ser padre, …

No existe píldora de la potencia. La Viagra no lo fue, aunque parecía la panacea para la impotencia sexual. Sin embargo, años después y, pese a su uso extendido y el desarrollo de fármacos de similares características, la impotencia sigue siendo un cajón de sastre en el que cada uno puede verse dentro en algún tiempo de la vida.

¿Y la impotencia sexual? ¿Es lo mismo que la psíquica?

La función sexual (dentro de la psiquis del hombre) se encuentra sometida a muy diversas fluctuaciones, que en su mayoría presentan el carácter de simples inhibiciones. Los síntomas principales de la inhibición del hombre son:

  1. Displacer psíquico;
  2. Falta de erección;
  3. Eyaculación precoz
  4. Falta de eyaculación o eyaculación sin densidad suficiente de espermatozoides para el embarazo.
  5. Falta de la sensación de placer del orgasmo.

Entonces, ¿la falta de erección es un problema de primer orden en el varón?

Sí lo es, además que le somete a una pérdida de autoestima muy elevada, ya que él para pensar su identidad lo hace a través de su “potencia” mientras que la identidad para ella, está referida a su ser deseada, a su belleza.

Por lo que sí es importante, lo que pasa que los hombres somos unos acomplejados y no acudimos al terapeuta, nos da rabia reconocer que necesitamos ayuda.

¿Con qué frecuencia nos pasa esto?

Si lo planteamos desde el terreno de la genitalidad, se clasifica como víctima de impotencia o disfunción eréctil a todo hombre que no tiene una erección lo suficientemente rígida para permitir la penetración, así como a aquellos que la pierden ante un cambio de postura o poco después de la penetración. Esto le sucede, según los datos, hasta el 20% de los varones en los países desarrollados, de los cuales menos del 10% acuden al especialista para seguir un tratamiento. Lo que caracteriza a la impotencia es una carencia de erección, Aunque si lo pensásemos de nuevo desde un punto de vista amplio, otra forma de impotencia es la pobreza de afectivización de los objetos amorosos, el me da igual todo, el no me implico en algo también sería impotencia.

¿Cuáles serían las causas? ¿Son siempre emocionales o también son orgánicas?

Exceso de trabajo, complejo de inferioridad, estrés, cansancio, depresión, ansiedad, sentimiento de culpa, son los términos habituales que se manejan, pero se quedan cortos para explicar y resolver esta sintomatología. No desarrollaremos en este espacio radiofónico de Psicología las distintas patologías médicas, ya sean vasculares, neurológicas, hormonales o urológicas, que pueden ocasionar disfunción eréctil. Nos ocuparemos de aquellas otras situaciones en las que el organismo, pese a estar en condiciones físicas de potencia no tiene ni el éxito ni la satisfacción esperada. Según los investigadores especializados de Casen Recordati, sería de un 30 % orgánico y un 70 % emocional. Y lo orgánico tendría, además, una estrecha relación emocional.

Una vez que se da la falta de erección ¿es siempre de la misma manera? ¿Hay un ciclo de la disfunción sexual o un ciclo para tener relaciones sexuales?

Es curioso que esta perturbación se da en mayor medida a individuos de naturaleza intensamente deseante. A pesar de existir deseo a realizar el acto, el órgano no responde. El fallo no se produce, en la mayoría de los casos, sino con una persona determinada y nunca con otras (en la crisis de los 40 años, ellos quieren echar una cana al aire por este motivo). En el hombre no han llegado a fundirse las dos corrientes cuya confluencia asegura una conducta erótica plenamente normal: la corriente “cariñosa” y la corriente “sensual”. El hombre muestra apasionada inclinación hacia mujeres que le inspiran un alto respeto, pero que no le incitan deseo sexual, y, en cambio, sólo es potente con otras mujeres a las que no ama, estima en poco o incluso desprecia. La inhibición de su potencia viril depende, según esto, de alguna cualidad del objeto sexual. El amor, en ellos, está centrado no en la mujer, sino en las figuras familiares primeras. Por ello no pueden hacer el amor con la mujer que aman porque es su familia, mientras que pueden hacer el amor con una mujer a condición de que sea una mujer degradada.

No hay solución por lo tanto para que desaparezca la prostitución.

 ¿Qué quiere decir degradada?

Que a veces, nos excita más por quien sentimos un poco de acritud, más que por quien sentimos admiración, no conseguimos que confluyan las dos corrientes eróticas, la cariñosa y la sensual.

Esto que es una característica que puede suceder, también puede ser una anécdota, si quieres hacer el amor y estás a punto de tener el coito y alguien te dice, cuánto te admiro, cuánto me gusta la poesía que escribes…se acabó la erección…

Qué quiero decir con esto, que de una cosa sencilla o de desarrollo, primero vamos de los objetos familiares a los objetos sociales, no hacer este tránsito o regresar a él, es lo que perjudica a la excitación.

Entonces son normales estos trastornos, forman parte del desarrollo personal de cada hombre.

Preguntarnos acerca de una sexualidad normal, resulta inquietante, es muy difícil decir qué es normal y qué no lo es. A veces, lo normal de la sexualidad está muy lejos de constituir una norma. La impotencia y la frigidez, en sus diferentes maneras de mostrarse, son trastornos muy comunes y extendidos que acompañan a la vida erótica corriente.

Algún ejemplo clínico.

Clínico y literario, Cesar Pavese, poeta y escritor, se suicidó por este motivo, no podía tener relaciones sexuales con las mujeres de las que se enamoraba. Solo podía hacerlo con las que no había ternura, en su caso, las prostitutas. Quizás tampoco estamos educados para resolver esto, nos han contado que el deseo y el amor es lo mismo. Y no sabeos que el amor en ocasiones interrumpe el deseo, no lo deja desplegarse tal cual es. “Ahora no puedo, ahora no me viene bien, como estoy cabreado hoy no te beso, como estoy alegre, quiero hacerlo aquí y ahora, la primera vez que sea especial”. Aunar el deseo del amor, es un trabajo para todos y cada uno. En realidad, nos gustan y nos atraen físicamente muchas personas que no son nuestra pareja, y nos adaptamos, para entrar dentro de las normas sociales, de lealtad y/o fidelidad.

En una sociedad más moderna, ¿esto puede desaparecer?

Pues lejos de lo que podría parecer, la liberación de las costumbres no ha servido para modificar la frecuencia de estos trastornos. Lo que indica que liberar las costumbres no significa liberar el deseo.

¿Y entonces uno puede ser impotente con una mujer y no con otra?

Los trastornos sexuales no son cosa de uno, está en juego, la relación de la pareja, él para ser potente, necesita que ella lo desee. Igualmente ella, para dejar de ser frígida, necesita del deseo y la ternura de él. Él necesita sentirse deseado, ella necesita sentirse amada.

No hay trastornos individuales, son de pareja, sociales. Cuando se atiende en las consultas, se atiende a una persona, pero se está atendiendo a toda la comunidad. A veces, la mujer deseable y deseante es una figura peligrosa para el hombre que se ve empequeñecido y acomplejado frente a la disparidad y la diferencia que introduce la mujer. Antes me preguntabas que si hay un ciclo sexual para la sexualidad. Sí claro que lo hay, hay tres fases, fase de excitación, de meseta y excitación. Nosotros somos más rápidos y ellas, tienen otro tempo de mayor disfrute y mayor dilatación en el tiempo (según la mitología, el hombre es el guardián de las artes de la guerra y la mujer, de las claves del amor y del ocio) Se dice que los hombres piensan más en el sexo que ellas, pero no es verdad.

A veces, un problema es la reciprocidad, entendida esta como tener que estar sincronizados para el orgasmo, en las diferentes fases de excitación. Esta sobre exigencia, impide la erección o la lubricación habitual. Y el querer llevarla a cabo, ya es evidencia de que algo falla a nivel sexual y a nivel de cómo pienso la sexualidad.

Sergio García Soriano
Psicólogo tel 660046657
www.psicologosergiogarcia.com

Sergio García

Sergio García Soriano es, Psicólogo de Clínica, experto en pareja y familia, atención en consultas de Madrid y El Escorial. Director de Dunas, casa Rural y espacio de bienestar. Director del dispositivo de atención nacional telefónica 807517504.Colaborador habitual de La Mañana de TVE, La Ser u Onda Madrid entre otros.

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