El Campo Grande de Valladolid una introspección hacia la esencia

Alberto V. Jiménez Muñoz

Hay lugares que invitan a esa introspección sana, al encuentro y sinceramiento con uno mismo y a remover esos recovecos más recónditos de la personalidad más oculta, a la búsqueda de ese genio a través del cual emerge la creatividad. Uno de ellos es el parque del Campo Grande de Valladolid,  uno de los principales pulmones de la ciudad, trazado siguiendo líneas románticas, con sus pajareras, su variopinta diversidad forestal cuyas especies fueron traídas de diferentes  y, en algunos casos, exóticos lugares, su lago, desde el que discurre un riachuelo, con amplia fauna de ánades diversas, patos de diferentes especies, ocas, cisnes, incluso palomas,  y por supuesto llaman la atención los pavos reales, sueltos y que caminan entre el público, pavoneándose, nunca mejor dicho, ante la admiración de turistas y paseantes, con el despliegue y apertura de ese abanico multicolor lleno de belleza que es la cola de estas aves galliformes, sin dejar de lado su Gruta, pues aun así artificial, tiene una bonita Gruta de piedra, que albergó hasta los años 70 un bar interior, previo paso por un pasadizo exterior de estalactitas y la posibilidad a través de unas escaleras empedradas externas, a sendos laterales de la Gruta, de poder acceder a la parte superior de esta y contemplar el parque y algunas torres de los edificios monacales aledaños de la ciudad, desde las alturas.

El Campo Grande, construido sobre aquel espacio, cuyo nombre según la época fue Campo de la Verdad o Campo de Marte, fue idea de aquél buen alcalde, que hizo tantas cosas por esta ciudad, D. Miguel Iscar, llevado a cabo en 1877. Este espacio, decimos, era un espacio, en tiempos aledaño a la ciudad, la cual se abría a través de la Puerta del Campo, al sur de esta, si bien la ciudad posteriormente creció, asumiéndolo como parte de sí misma.

Enmarcado entre el desaparecido Hospital de Resurrección (solar de la actual Casa Mantilla), Pº de Recoletos (donde existió el antiguo convento de los Recoletos hasta el s XIX), la actual Pza. de Zorrilla, la Academia de Caballería (donde estuvo sito el antiguo “Octógono” castrense), y parte del Paseo de Zorrilla, (donde se situaba el desaparecido Colegio de las Huérfanas Nobles), adivina las líneas del río Pisuerga, y del ya reconducido ramal de su afluente  La Esgueva, puesto que su trazado crea paralelismo con estos cauces.

A través de los tiempos, este espacio  fue testigo de asentamientos romanos, como así lo indican los diferentes, muros y tumbas encontrados en el subsuelo, fue zona donde aquella Inquisición de Tomás Torquemada , ajusticiaba a los herejes (amplia información en el libro “El Hereje” de  Miguel Delibes), tuvo durante varios siglos un humilladero, o se llegó a llamar Campo de la Verdad pues aquí se daban lugar a aquellos duelos de “honor”, siendo también en cierto momento, descansadero, ya que por aquí atravesaba una cañada real y el ganado descansaba , antes de seguir.

Sabiéndose uno desligado del tiempo, el cual parece no discurrir, en este lugar, y dejando a los pies que nos lleven, la hojarasca de otoño, el variopinto colorido entre los tonos amarillentos, verdes y anaranjados y el verdecillo en los laterales de los caminos ,  reconcilian a uno consigo mismo y en esa sintonía emerge el ser creativo. En los caminos van surgiendo estatuas y bustos inesperados como el de la escritora Rosa Chacel, el alcalde Miguel Iscar, el escritor Núñez de Arce, hasta que llegas a una estancia escondida y recóndita que alberga una caseta que en sus días fue biblioteca, en medio de tanta floresta. Uno se imagina aquellos lectores a principios de siglo XX sentados, mientras otros se acercaban a los templetes  entonces existentes  a escuchar música en directo y otros con niños a mirar los faisanes, perdices, palomas, etc…en las pajareras, mientras militares de la cercana Academia de Caballería contrataban los servicios del “fotógrafo minuto” que les inmortalizaba con su vieja cámara, en una fotografía revelada en el acto con un marco en forma de corazón  para que este recuerdo lo pudieran enviar a sus novias.  Ancianos leyendo el periódico en los bancos cercanos a la Fuente de la Fama, y otros que se acercan a la “Pérgola” donde está “La Fuente del Cisne” para bailar en las inmediaciones del escenario de dicha “Pérgola” cuando tocan pasodobles las bandas.

El Club Colombófilo de Castilla tenía y aun existe, una pajarera exclusiva de palomas y cerca de él, en el mismo Campo Grande, había una construcción, derruida allá por 1968, el antiguo Teatro Pradera, con el Café bar el Pino a su trasera. Esta demolición ha sido siempre muy criticada y declarada como un “sacrilegio” puesto que este Teatro era un enmarque dentro de la entidad de la Ciudad, así como un lugar sacro del arte escénico,  tras 57 años de funcionamiento, de los varios lugares con el mismo fin, que posee Valladolid.

Yo sigo con mi paseo, atravesando las cercanías del lago donde veo a los niños dar barquillo a los patos y cisnes, los cuales compran al puesto móvil del barquillero. Se me aviene el recuerdo de otros tiempos donde, aquellos barquilleros que llevaban el pirulo rojo, al hombro, y al cual haciendo rotar su ruleta, deleitaban a los niños con un extra de barquillos según el número donde parase dicha ruleta, o niños que subían en “La Paloma”, la barca del “Catarro”, descendiente de aquél genuino “Catarro”, el cual les daba un paseo por el lago en barca, mientras les contaba asombrosas historias llenas de ternura.

Hace unos días, sólo, con mis pensamientos, hice, sin reparar en el tiempo, un paseo por dicho parque, el reflejo de un pasado que no viví, sino a través del conocimiento de otros y de los hitos existentes que enmarcan esos recuerdos los cuales me hablan pues compartieron “vida” con aquellos otros que cuentan a través de los libros esos hechos y esa otra ciudad, siendo la misma de otro tiempo, crean un vértigo en el alma, hacen ver desde fuera, la vida, lo poco que somos y cuan grandes nos hace el conocimiento…y que existan entornos como este que lo provean…

PD…Quiero poner banda sonora al artículo…con la canción “El Parque”de Víctor y Diego

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1 Comentario

  1. Gleise Oliveira dice:

    É, com certeza, uma das regiões mais belas que já conheci e que tive o prazer de morar por quatro anos. Desejo um dia poder voltar como turista e desfrutar novamente deste maravilhoso Parque.

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