El cautiverio

 

Lo que estamos haciendo es destruir la economía mundial para salvar a los mayores, para volver a abandonarlos en residencias de ancianos. Eso tiene todo el sentido del mundo, pero ¿no sería el momento de reflexionar sobre cómo esta sociedad trata a la gente mayor? En la sociedad del consumo, todo lo que no está de moda lo apartamos de nuestra vista, incluso a los humanos. Igual nos hemos dado cuenta de que no hace falta ir cada día a la oficina y que se puede trabajar perfectamente desde cualquier lugar del mundo si tenemos buena conexión de internet y que no es necesario atascar la M-30, petar el metro y calentar el planeta.

Podría no ser necesario hacer trescientos viajes al año, comer fuera cada día de la semana y hacer cosas principalmente para subir fotos a Instagram. Igual tembién de esto nos hemos dado cuenta. Quizás podríamos emprender mas viajes interiores para conocernos más a nosotros mismos sin necesidad de aprobación social, likes, likes y likes.

¿Las familias y las parejas se habrán vuelto a hablar tras años viéndose solamente a la hora de cenar, cuando todo el mundo está cansado y listo para ir a dormir? Lo que hacemos cada día es disfrutar de la versión peor de nosotros: cuando ya no tenemos ganas de hacer nada, ya lo hemos dado todo en la oficina. “Acabo de tener un día de mierda en la ofi, no empieces tú también”.

Y los solteros que los están pasado fatal. ¿Qué será de ellos tras meses de soledad? A veces pienso: subirán los divorcios. Luego me digo: quizás no porque mucha gente se quedará sin trabajo y compartir gastos es conveniente. Por la misma razón pienso que quizás no habrá una subida de la natalidad. Es verdad que mucha gente se estará entreteniendo en la cama pero quizás la incertidumbre económica no llevará a tener más hijos.

Personalmente, estoy aprovechando este tiempo para mejorar mis capacidades en la cocina, tocar la guitarra a los vecinos desde el balcón, leer, escribir y hablar más con mi familia. Y conocer más a una persona muy especial. Nunca me aburro y podría seguir así meses.

¿Se habrá dado cuenta la gente de la importancia de estudiar para una profesión como la del médico comparada al saber jugar al fútbol? ¿Tiene sentido tanta diferencia de salarios entre gente que pone a riesgo su vida cada día y quienes tienen que meter goles? Sin público, un jugador de fútbol no vale ni un euro. Sin embargo, un médico es un medico en Madrid como en una isla del Pacifico, con o sin público.

¿Se llenará la España (y la Italia) vacía? ¿La gente que ha huido al pueblo también entenderá la importancia de vivir lentamente después de que el virus pase?

¿Seguirán actuaciones políticas en contra del calentamiento global o los gobiernos dejarán hacerlo todo con lo de recuperar la economía?

Estas son solamente algunas de las consideraciones que estuve haciendo estos días.

 

                                                                                      Dario Vetrano

 

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