El Pisuerga, crónica a través de una crecida


El tiempo discurre en un constante devenir, anega de experiencia  el alma y esta la forma de sentir. Es una purga constante que modula nuestra esencia, elixir para los sentidos…pensaba mientras postrado en la barandilla del puente presenciaba la crecida del Río Pisuerga a su paso por Valladolid, debido a las lluvias intensas y persistentes de los últimos días y a las aguas que vertían de los deshielos en el discurrir de su cauce…

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Venía a mi mente aquello de Heráclito de que “un río no pasa dos veces por el mismo sitio”…en verdad, hipnotizado por el fluir, el tiempo al que antes aludía, se paraba en mi cerebro. ¡Ah, si el Río hablara!…y es que el río crecía, engullendo las casetas de los clubs de piragüismo, trepando lentamente, pero sin cesar, por el muro, al igual que la ciudad fue creciendo poco a poco a su vera, siendo parte de ella, y en su devenir, del devenir de las historias cotidianas…

Crecida a las 10:30

Crecida a las 10:30

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Desde que en 1080 fue construido el puente de piedra o Puente Mayor que daba acceso a su través, a la otra parte de la ciudad, durante 800 años, fue éste el único acceso, hasta que en 1865 se inauguró el segundo puente, el Puente Colgante, un segundo acceso  fabricado en Birmingham, y ensamblado en la propia ciudad de Valladolid, construcción de hierro que llevó siete meses en ser ensamblada, ayudada de un falso puente de madera para su más fácil unión. En dicho siglo XIX existía  una pugna subyacente entre el ladrillo de siempre y el hierro como alternativa en las construcciones, para ponerlo de manifiesto, en otro lugar de la ciudad se construyó el famoso Arco de Ladrillo, donde el ladrillo era el alma del engendro que desafiaba a la gravedad, Dios mediante, el ingenio y la matemática. Desde entonces hasta ahora la ciudad consta de once puentes y dos pasarelas.

La vida discurría y junto al Puente Mayor existen unas ruinas, recuerdo de aquellas aceñas, en cuyas proximidades la fábrica de harinas daba salida al producto, mientras, también en las proximidades, las lavanderas desempeñaban su ardua tarea diaria, cual ritual y ceremonia donde la conversación amenizaba el trabajo,  hermanaba dando lugar a ese complicismo, que creaba vicio, y buscaba la forma de volver a tener tarea como pretexto para sacudir soledades del alma y alimentar la esencia y sanamente el ego. Más allá las Casetas de los Baños de Carola, donde las “señoras” se diferenciaban de las “chachas” las cuales no podían convivir en el mismo sitio de baño…Pescadores se apostaban en el río, y algún “viejo” me llegó a contar que situando la barca en el medio del cauce y lanzando un ladrillo con una cuerda atado, al fondo, instantes después,  lo sacaban repleto de aquellos cangrejos que  tuvo el Rio Pisuerga otrora.

De entre los pescadores, y que llegaron a regentar también algún puesto de alquiler de barcas, destacaba  Luis Gallego Martín “El Catarro”, nieto del también “Catarro” personaje emblemático, puesto, con su gran conocimiento del Río Pisuerga, salvó y ayudó a salvar infinidad de vidas de ser engullidas por las  entrañas  de la astuta entidad que moraba en sus aguas…

A su vera nació el parque de Las Moreras, donde, en sus cercanías, una explanada de arena, confería la categoría de playa para bañistas, y enfrente fue creciendo una estructura de treinta plantas que se abandonó, inacabada durante décadas, debido a falta de capital, suspensión de pagos,… el rascacielos de Valladolid, el “Edificio Duque de Lerma”, el cual se retomó en 1998 y en el 2000 ya estaba  acabado, aunque mientras, fue muro de diferentes  “macropintadas” reivindicativas pro vida, o en contra de la OTAN y las Bases Americanas…recuerdo, en mis horas de “footing” pasar  por enfrente del coloso mientras que me cruzaba con el ciclista del megáfono que dirigía desde el camino del muro a los piragüistas en sus entrenamientos, por el río.

Edificio duque de Lerma antes

Valladolid - Edificio Duque de Lerma 001

Hoy, sigue la crecida del Pisuerga, la última al borde del desborde fue en el 2002, anegando el parque de Las Moreras y el Ribera de Castilla y a punto de elevarse sobre la carretera ya a nivel superior que el parque…aun así muy lejos de aquellas décadas de los 20, cuando te encontrabas algún paisano en barca por calles de la ciudad, cruzarse saludando a otro que iba sobre su burro, al cual le llegaban las aguas por los ijares…mientras, el devenir del río no cesa, y este que escribe con la vista perdida en sus aguas infinitas, intenta volver a la vida, trayéndoos algunas pinceladas de ese instante infinito…

Crecida a las 15:00

Crecida a las 15:00

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