HOMO RELIGIOSUS

Ricardo Ruiz de la Sierra

El ser humano se ha descrito por muchos antropólogos como el “homo religiosus”. Desde que el fenómeno físico se hace consciente o quizá desde que constata su brevedad hay religión y dioses que gastan una broma pesada a la evolución. De hecho, en cuanto se descubre en una excavación que un grupo de monos realizaba algún tipo de rito mortuorio consideramos que es un “homínido sapiens”. Cosa que todavía no hemos visto en los “muy inteligentes” delfines, perros o chimpancés según los animalistas.

En las primeras fases de la cultura humana las creencias religiosas estaban plagadas de ignorancia hacia como se regían los fenómenos naturales y las enfermedades (algunos enfermos eran considerados endemoniados o pecadores, ellos o sus antepasados). La plaga hemorrágica de Egipto de las famosas siete que relata el Antiguo Testamento se atribuye al carbunco bacteridiano. Los culpables de los desastres naturales, hambrunas o epidemias eran dioses enfadados y los periodos de bonanza en las cosechas, salud o el destino eran dioses satisfechos con las ofrendas de sus fieles a chamanes y sacerdotes que hacían creer a la gente atemorizada que tenían conexión directa con ellos. Hasta a los enemigos de las guerras, se les intentaba convencer de que un dios todopoderoso estaba de su parte, como el pueblo judío.

En las absurdas normas que inventaban los líderes religiosos (la prohibición de comer morcilla) poco a poco se fueron introduciendo evidencias científicas (como no admitir uniones carnales entre parientes, no comer carne de cerdo- entonces muy infestada con triquina-) o comportamientos éticos que prolongaban la supervivencia del grupo como la ley de oro: “no hagas a los demás lo que no quieres para ti”. En el siglo IV, San Agustín, incorporó el pensamiento de Platón al cristianismo y de este pasa al islamismo. En el XIII Santo Tomas de Aquino la de Aristóteles (Dios es el “primer motor inmóvil”). Durante la edad media el saber se atesora, se aumenta (farmacopea) y se enseña en los cenobios. En ellos se realizan inventos como las gafas, el brandy, el condón, la cerveza, etc. En el imperio español la religión defiende a los indígenas de la esclavitud, pero también condena en la Inquisición (no tanto como la leyenda negra nos ha hecho creer). Los dirigentes políticos-militares en seguida se dieron cuenta de lo útil que era la “doctrina religiosa” para manejar a la gente e intentan estar cerca de los líderes religiosos. Una población resignada es fácil de explotar y por eso la religión se puede convertir en “el opio para el pueblo” (como aseguraba siglos después Marx). Aunque Karen Armstrong, último premio Princesa de Asturias de humanidades por su estudio de las religiones dice: “las religiones monoteístas han insistido siempre en la igualdad y la justicia”. En el siglo XVI las guerras son fundamentalmente entre religiones, ningún cristiano, musulmán, protestante o calvinista tienen piedad frente al infiel.

La Ilustración y la revolución francesa pone las cosas en su sitio, la igualdad, la solidaridad y la justicia las tiene que promover el estado y la religión es una cuestión particular, aunque Kant, el gran filósofo de la modernidad, mantenga que existe una “ley moral universal” (Dios tampoco murió un poco después con Nietzsche). En España la ilustración no cuajó socialmente por la poderosa y ultraconservadora oligarquía clerical, de ahí nació, en el siglo XIX, nuestro anticlericalismo que en la guerra civil se tornó salvaje.

En la gran revolución tecnológica actual en los estados del “bienestar material, el conocimiento y la información, paradójicamente, se sigue buscando a Dios. Unos en la Iglesia del Papa Francisco o en la de Ratzinger, otros en el islamismo humanista del sufismo o en el salafista, otros practicando “ciertas modas que se presentan como liberadoras” (se refiere al yoga y el mindfulness, la misma antropóloga). Por no hablar de los que lo buscan en el lujo, ídolos del fútbol o el arte. Falta bienestar espiritual entre tanto materialismo y egocentrismo auto referencial.

Asegura K. Armstrong que: “la religión puede ayudarnos a lidiar con el presente”.  Creer con moderación en un Dios, Yahvé o Ala, que si existe debe ser amor, nos manda amar como doctrina principal y esto da sentido a la vida. (Sastre nos instaba a buscarlo) ¡Las creencias son para los vivos! Aunque también dan sentido a la muerte.

Las religiones han tenido más beneficios que inconvenientes para la humanidad. La fe ha generado muchos más comportamientos compasivos que de intolerancia (véase Teresa de Calcuta o musulmanes de buena fe que están salvando muchas vidas de entre las mafias de emigrantes subsaharianos). Actualmente, que no son políticamente correctas ni están bien vistas, cuando las religiones son humanistas suponen un plus de equilibrio emocional sin tener que recurrir al “Prozac” o  visitar al psicólogo y un plus de fraternidad que llega donde no lo hacen los servicios sociales, la ley de dependencia, la solidaridad incluso, donde no llegan las ONG (En la guerra de Sierra Leona los únicos que permanecieron asistiendo a las víctimas de uno y otro bando fueron los Hermanos de San Juan de Dios). Añade la antropóloga: “las religiones monoteístas y no los estados son las que hoy están hablando con los pobres. Buda, Cristo o Mahoma insistieron en que no se puede aplicar la compasión sólo a los tuyos… mandaron practicarla con todos los seres humanos.”

El ser humano culto de hoy sigue inventando a Dios (seguramente por miedo) o se da cuenta de que “algo tiene que haber”. En el primer caso no obtendremos paz aparte de que no lograremos engañarnos toda la vida, en el segundo supuesto tanto si nos decidimos por una búsqueda religiosa como si no, siempre debemos ejercer un sano escepticismo, no temer a la incertidumbre porque es algo consustancial a la vida. Las dudas y mantener el criterio propio no estorban la esperanza en la “Verdad” ni al optimismo vital. Ambas opciones tienen un cincuenta por ciento de posibilidades, como el azar o una intervención divina antes del Big-Van, según los científicos. Por cierto, que Einstein no entendía la armonía del Universo en el caos sin un Dios.

Las sociedades desarrolladas ponen todo su empeño en la educación, educar es importante, pero en mi opinión no es suficiente para seguir progresando. La vertiente espiritual siempre ha sido y será necesaria. Detrás de la barbarie humana siempre hay intelectuales y gente muy bien educada para obedecer leyes injustas. “Occidente está mostrando al mundo que unas vidas valen más que otras” asegura la antropóloga y añade: “El terrorismo, sea cual sea su motivación, es siempre político”. No hay ninguna diferencia entre el ateísmo homicida de los Jemeres Rojos y los crímenes del estado Islámico. Admitámoslo, únicamente en la escuela de humanismo de los viernes, sábados o domingos se escucha: “ama a tus enemigos”… a los que crees que no se lo merecen porque son tus hermanos.

Quizás el desencanto de la supuesta felicidad que nos traería el desarrollo o de la futura que nos prometen los políticos populistas nos mueva, si no hemos cerrado definitivamente ninguna puerta, a rebuscar en ese “Tipo” de nuestra tradición religiosa que tenemos en cada esquina, el que protagonizó la más hermosa de las historias de amor (según Unamuno) y que tanta simpatía sigue despertando entre la gente humilde y desengañada…  desengañada también de la Iglesia de su infancia.

Ricardo Ruiz de la Sierra

Ricardo Ruiz de la Sierra, es un escritor que empezó a escribir movido por su inquietud humanística y el interés hacia la espiritualidad y colaborador de medios tan prestigiosos como el periódico “ABC” y diversas publicaciones en cartas al director en “El Mundo” de Valladolid y “El Norte de Castilla”, actualmente coordinador de las jornadas literarias de Ateneo Escurialense.

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Respuestas

  1. Angel Luis Domínguez dice:

    Muy interesante artículo. Como una reflexión personal añadiría que la religión debería ser una cuestión estrictamente individual, interior, a la que no se debía obligar a nadie. Cuando uno decide, libremente, cual es su religión, ya es el momento de unirse con otros y caminar juntos.
    Enhorabuena.

  1. 21 febrero, 2018

    […] Artículo original publicado en el diario digital Cosas de un Pueblo: HOMO RELIGIOSUS […]

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