La radio, la ilusión de un niño

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Alberto V. Jiménez Muñoz

El eco del pasado condensado a través de los proyectos, en las presentes realidades, nos trae la mejor, o si no, la más depurada versión de nosotros mismos, dentro de un esquema de pasiones subyacentes, cual semilla, y a través de un entorno va refinando el proyecto o meta hasta que este toma cuerpo.

Por qué digo esto. Llegadas estas fechas señaladas, cuales son las Navidades, inevitablemente muchos de nosotros tenemos presente el recuerdo de las mismas en nuestra infancia, de los sueños, de lo que queríamos ser, de aquellas ilusiones enviadas en forma de carta escrita a Sus Majestades los Reyes Magos.

Este que escribe, desde niño, muy niño, quería inventar la radio, descubrir y ver los señores que había dentro (casi desguazo a los tres años la de mis padres en un descuido, buscando a aquellos que hablaban), ya que una cajita, sin hilos, era un pozo sin fondo de historias, de enseñanzas, que entretenían, informaban y hasta formaban.

Sin bibliografía, seguí los pasos de los antiguos, yendo a chatarrerías para adquirir limaduras de hierro y en un tubo de “calmante vitaminado” introducirlas y construir un “coherer”, y en Electrolux adquirir metros de cable de cobre esmaltado para realizar devanados para recepción,…y conseguir a 1m recibir la onda del chisporroteo de un zumbador y sin hilos…¡Había inventado la radio!…más un vecino, coronel chusquero del ejército y docto en electrónica, enterándose de mis artes, me pasó bibliografía con lo que, ya con electrónica convencional y sin pilas llegué a auscultar el rosario de “Radio Popular de Valladolid”, pues con los micro voltios de la propia onda  no llegaba a más que coger la retahíla del rezo, sin entender lo que decía.

Eran otros momentos, la corrección en formas, en la dicción, entonación, en la capacidad de improvisación y comunicación, eran primordiales en la radio, de manera global, no sólo en nuestro país. En USA, Sudamérica, Centroamérica, Cuba, etc…exponentes como el fenómeno Bobby Deglané, entre otros, y principalmente este, a caballo, según el momento, de los dos extremos del charco, y estudioso de la TV, no solo técnicamente, sino como medio, cuando esta aun no existía en España, nos lo confirma.

Por mi parte, seguía con mi invento al cual realicé una serie de modificaciones, para ya entender el “Rosario de radio Popular” y no sólo oír su retahíla. Me di cuenta que al sintonizar “La Voz de Valladolid” según el momento, la captaba mejor, más clara, o peor, más lejana, estando en la misma localidad, y ni corto ni perezoso, llamé a la radio. El técnico de control de sonido  que estaba radiando un programa grabado en su turno de noche, al ver que era un niño el que le inquiría sobre tales temas, se sorprendió y me dijo que me acercara a la emisora, sita en el mismo edificio del “Teatro Calderón” y llamara desde abajo que iría a abrirme. Así fue, me presenté con mi invento y…ante mis ojos, ¡oh! maravilla, controles, botones, vúmetros, grabadoras de cinta abierta rotando, platos giradiscos y platinas profesionales de cassette. El técnico se interesó sobre el tema, examinó mi invento y me dijo que bastante que sin pilas, sin amplificación, era lógico que cualquier inconveniencia del medio fuera más perceptible al ser una radio incipiente y sin amplificación, y me estuvo enseñando la emisora, contándome y explicándome cada cosa, a lo que yo le inquiría con mucho interés. No sé quién disfrutaba más, si yo descubriendo y preguntando o él explicándome…

Me despedí  y me dijo que volviese cuando quisiera. Pasaron días y volví a contactar con la emisora y pregunté por el técnico el cual estaba en turno de tarde, con quien me pasaron, y me dijo que fuera. Conocí al director de programación Félix Rivera, el cual se había enterado por el técnico de mi tema. Hablando con Félix Rivera, supo que estudiaba en el mismo colegio que él de niño y me preguntaba por el “hermano de la Salle” tal o cual, de mote tal, que ya sería mayor, intercambiamos experiencias, por lo cual hubo más cercanía, me introdujo, a través de pasillos cuyas puertas laterales eran oficinas de redacción y estudios en los cuales a mi paso por el pequeño cristal de la puerta se veía la ejecución de algún programa, me introdujo  en algún estudio en silencio, cuando estaban grabando un programa. Me llamó la atención la corrección y tranquilidad con que “devoraba” el guión Maruja Cerezo, la mujer de otro locutor que me presentaron y al cual escuchaba a menudo su programa de radio , Antonio Olivares…un entorno amigable, donde mi persona se mimetizaba en base a mis gustos. Una tarde muy amena. Me invitaron a venir más veces y esta vez Félix Rivera

Un día, salía de una de las tiendas de electrónica, sita cerca del Teatro Calderón, es decir, de la emisora. Había comprado unos potenciómetros, resistencias, diodos, etc. …y cable para unir, me encontré con Félix Rivera, el cual inquirió con interés, el para qué había comprado todo aquello que llevaba, le dije que quería construir una mesa mezcladora.  Fue la última vez que lo vi, poco después me dieron la noticia de que murió de cáncer.

Más tarde logré hacer una entrevista con cassette en mano, para la clase de lengua, del colegio, sobre el habla radiofónico a Antonio Olivares, el cual tenía el don de la improvisación ingeniosa marcada a través de buena dicción y de un vocabulario rico al cual recurría que ni que tuviera un diccionario en su cabeza, lo cual me impresionó sobremanera.

La radio de entonces era una radio, en mi opinión, más ingeniosa y atractiva, con más capacidad de improvisación, a pesar de que existieran guiones, con más opciones y posibilidades, pues los programas locales afluían y había contraste. Había “locutores, con mayúsculas” y “periodistas”. Un locutor no tenía por qué ser necesariamente un periodista, sino un contador de historias, como advertía Mª Teresa Iñigo, directora de “La Voz de Valladolid”, años después cuando ya no existía la emisora. Era radio en bruto, con sus actores de radio, sus “ruideros”, sí “ruideros” especialistas, con que con medios artificiales crear el ambiente de entorno natural para una obra, novela, etc…Había por ende infinitamente menos medios que se suplían con la imaginación e ingenio, la radio era arte y magia en mi opinión, sincronización constante entre personas, lo cual se ha matado la mayoría de ello con la entrada de la radio-fórmula, se habla desde una emisora, con una propuesta la cual se replica por las demás emisoras de toda la geografía, siendo estas meros repetidores, y los ordenadores hacen el trabajo fácil, sin gran posibilidad a la imaginación y sincronismo humano, mayormente se habla de política y cada emisora además acaba politizada, con una línea editorial periodística de un palo de baraja. No existen prácticamente los contadores de historias exentos del periodismo.

A nivel social se ha pasado del dirigir la programación, de manera general, hacia un público con el objeto de deleitarlo formativamente, con amplios programas de cultura, teatro radiofónico, con clásicos y no tan clásicos, con historias en las que poner en danza la imaginación, aun así tenía también, su zona abyecta, como en todo, …se ha pasado, digo, a vender opinión creada en tertulias con fines subliminales, desinformar de manera general, y ser vehículo de constante manipulación política, lo cual hace menos atractivo al medio, repito de manera general, hay cosas que se salvan.

A nivel técnico, la radio recepción de ahora, por lo general utiliza equipos menos sensibles, pues las opciones de la radio-fórmula se encuentran a nivel local y esto no confiere una amplificación en la recepción intensa como antaño que al no existir esta modalidad, se podían barajar opciones emisoras de otras ciudades, lo cual implicaba el que el equipo de recepción fuera ampliamente más sensible, para poder sintonizarlas.

Por mi parte vi un esquema de amplificación de un pickup de tocadiscos mediante transistores OC70 de germanio, y como se utilizaban los mismos micro voltios en la cápsula fonocaptora que en mi radio, lo construí para tal logrando poder oír la radio con el auricular chillando a 1 metro y variando el circuito tanque poder recibir “Radio Berlín International” una noche, yo más contento que unas castañuelas. Con el tiempo ya hice mis receptores superheterodinos, y seguí con el tema haciendo los exámenes para EA radio afición…y aún sigo…

 

Aprovecho, desde este medio  a desearos que vuestras ilusiones se cumplan. Nunca cejéis en ello y con constancia y persistencia y la magia…se irán dando forma. Felices Fiestas Navideñas y un próspero Año Nuevo 2019

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