Las cosas del fútbol y la política, Vistalegre II.

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El derby de Vistalegre 2 es esa segunda secuencia de un hit muy famoso de hace dos años, rodeada de toda esa parafernalia de marketing publicitario, con un guión de animado suspense, que te lo venden como la madre todas las batallas, y resulta ser un remake frío, como el día, feo y horrorosamente previsible.

Marketing no falto

El Errejonismo, con esa candidez metafórica calculada de las palabras, y esa actitud buenrollista con los adversarios y/o enemigos políticos, pretendía dar sorpasso al macho alfa de la política, con esa táctica tan “susanista” de ganar el partido sin haberlo jugado.

Pasa que cuando sales con el once de gala, y el capitán decide quedarse en el vestuario, te dan el partido por perdido.

Errejón, ¿se veía triunfador?

Todo lo que se suponía un derby interesante, se quedó en unos primeros 45 minutos sosos, Errejón vs Pablo Iglesias, Pablo Iglesias vs Errejón, dónde el “púber” Iñigo lo intentaba con más corazón que cabeza, aunque sin demasiada fé, y el otro, que se dedicaba a contemporizar el juego sabiendo de su superioridad, terminó empapándose del frío que asolaba en la plaza.

Iglesias, se sabía ganador.

Pero ya se sabe que en este tipo de derbys siempre hay alguien que la lía, y en esto que en la segunda parte salta al campo Urban, de anticapitalistas, y le mete dos velocidades al partido. Se dedica a dar tazas, una tras de otra, de caldo ideológico caliente al personal, con el toque andaluz, de la siempre interesante Tere Rodríguez, para subir la temperatura y entonar los cuerpos de los allí presentes. Dicho y hecho. Balón al travesaño y el partido espabila.

Tere Rodríguez y Urban

 

Y el partido, entre documentos ético, político y organizativo, deriva en un encuentro clásico de esos de la Premier League, dónde el oficio de los pablistas se impone a la calidad técnica de los errejonistas, el típico juego inglés de fajadores y bregadores, no apto para cabezas pensantes de jugadas de filigrana, donde el mariscal de campo Iglesias, bien flanqueado por sus lugartenientes, dominaba el tempo del partido a su antojo con autoridad, mientras las ocasiones, y los goles, los seguía poniendo Urban. El equipo contrario, de “contrastada” calidad técnica, pero bisoño,- algún detalle de Bustinduy y poco más-, sucumbía, como un muñeco manirroto y asustado, ante el estilo tosco, agresivo y físico de su oponente.

Bustinduy

De cuando el Osasuna del polaco Jan Urban, hat trick incluido, le metió 4 al Madrid. El cuarto lo marcó otro Iñigo, Larraínzar.

Las cosas del fútbol y la política, como la vida misma.

Imágenes extraídas del álbum de flickr de Podemos.

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