Las mujeres no son enemigas

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Ricardo Ruiz de la Sierra

Pues claro que hay mujeres que se comportan como unas autenticas hijas de puta. Con más conocimiento de causa lo sabe un juez al que se le han presentado todas las pruebas (se equivocan menos que nosotros cuando emitimos juicios mediáticos). Soy un hombre que ha sufrido los intentos de agresión física de su expareja que, a veces, consiguió por llevar a nuestra hija en brazos. Como siempre se ha ido de rositas dejé de denunciarla. En una ocasión tuve que acudir acompañado de abogado a los juzgados de “Violencia contra la mujer” denunciado falsamente.

El maltrato humano en este planeta azul lo llevan a cabo hombres y mujeres por igual porque los celos, la ira, la venganza, el rencor y el odio no son exclusivos de ningún sexo (ni si quiera la violencia). En el tercer mundo son un poco más responsables los hombres porque permanece el machismo y la sociedad patriarcal, pero, en las sociedades desarrolladas me atrevería a decir que son un poco más responsables las mujeres por eso de la “discriminación positiva”. Desgraciadamente, en uno y otro escenario la mayoría de los asesinatos son de mujeres por razones de fuerza física. Estos execrables crímenes machistas son la punta del iceberg de la violencia en las familias (según el I.N.E. en el 2017 casi el 38% de las víctimas de la violencia doméstica eran hombres). Dice el gran periodista Kapuscinski que estamos manipulados por los medios “confundimos ver con entender… sentir con reflexionar” Lo que pasa es que hay abogados y abogadas defensores que utilizan malas artes (buscan testigos falsos, instan a sus clientes a falsas denuncias, calientan más el conflicto que, en el caso de las separaciones debía ser todo lo contrario, etc.). El delito es publicar una conversación privada como la del juez o la de la ministra en una comida con otro artista (el excomisario Villarejo). Los móviles o las cámaras de vigilancia muy probablemente nos capten varias veces al día en nuestros desplazamientos o nos graven conversaciones informales en las que insultamos y decimos tacos, todos podemos estar en la picota.

Los movimientos feministas “me too” y “#cuéntalo” nos ponen en una realidad anterior, no hay que olvidar que venimos de una sociedad muy distinta y que está cambiando vertiginosamente. En el cine de los años cincuenta un “no era un si”. Hasta hace poco algunos sinvergüenzas se tiraban a la secretaria porque si no la despedían o algunas artistas utilizaba sus “armas de mujer” para triunfar (me ha dicho una feminista que estas también eran víctimas en vez de unas descaradas). Seguro que una mujer próxima a la jubilación tiene mucho más que contar sobre el machismo que una de treinta y no porque tenga más años. Las feministas están empeñadas en rescatar las pocas artistas o escritoras que consiguieron ejercer en un ambiente hostil, pero a veces les dan una relevancia que no tuvieron (es como lo de las cuotas del 50 % aunque no sean los más capaces. Por cierto, Carolina Bescansa lleva en los once primeros puestos de su lista por Galicia mujeres únicamente).

En este ambiente hay hombres que se trastornan cuando el sistema legal les deja sin familia y en calzoncillos (el chiste de la Barby divorciada y su expareja Kent, que tanta gracia nos hace a todos, se vuelve trágico). Pero, además de estos enfermos transitorios con resultado de muerte (enajenación mental o pasional), hay hombres, los únicos en crisis, que después de ejercer la violencia de género (27.200 condenados en el 2017 según el INE) pueden acabar siendo asesinos si su pareja les deja, son una minoría que vive en la masculinidad hegemónica del pasado (una tercera parte son extranjeros).

Los hombres, en general, estamos encantados con que las mujeres no dependan económicamente de nosotros, que dispongamos de mayor renta familiar y, sobre todo, que estén realizadas como personas en su carrera profesional. Con nuestro nuevo rol hemos descubierto la paternidad y disfrutamos de criar a nuestros hijos, también podemos mostrar nuestra sensibilidad, dar besos a nuestro padre, llorar en público, cocinar, preocuparnos por nuestro aspecto, etc. No obstante, a veces nos sentimos intimidados por la presión mediática feminista que para mí se ha hecho hembrista incluso femeninazi (algunas mujeres también se sienten presionadas). Una conocida “influencer” se defendía de las críticas de ellas escribiendo la estupidez de que ella “jamás criticaría a una mujer”). Hasta los ataques de ansiedad por un problema de trabajo algunas mujeres ansiosas los utilizan para culpabilizar al hombre y levantar sospechas entre compañeros (lo digo por experiencia). Es como para volverse misógino, sobre todo si has pasado por la experiencia del divorcio… afortunadamente tengo madre e hijas. Creo que algunas féminas frustradas buscan enemigos masculinos, un supremacismo hembrista o que todas se vuelvan lesbianas.

Estamos sacando las cosas de quicio. Ya hay sentencia condenatoria para un piropo que no era vejatorio ni procaz (una feminista me explicó que no tiene porque aguantar que un desconocido se dirija a ella, aunque el comentario le haga sonreír). Desconozco lo caballero que es Berlusconi, pero el comentario al recibir un premio de manos de una señorita (dijo más o menos que si no podía elegir) es menos grosero que los que le dirigieron en todos los medios de comunicación.

“Para mantener una relación sexual y en cualquier fase de la misma tiene que haber consentimiento explícito, en plenas facultades… nadie debe recibir tocamientos sexuales no deseados o comentarios obscenos” acaba de cambiarse en el código penal para considerarlo violencia directamente y no abuso sexual. Algo lógico que la inmensa mayoría de los hombres, que amamos y respetamos a las mujeres, hemos hecho siempre, pero, a ver si por no aplicar el sentido común es verdad lo que dicen que está ocurriendo en Suecia, que algunos hombres exigen a una pareja esporádica firmar el consentimiento por escrito.

Una pista para que las que buscan agravios sexistas reclamen a la Real Academia de la Ciencia. ¿Se han dado cuenta que el signo de hembra en biología es para abajo?

Ricardo Ruiz de la Sierra

Ricardo Ruiz de la Sierra, es un escritor que empezó a escribir movido por su inquietud humanística y el interés hacia la espiritualidad y colaborador de medios tan prestigiosos como el periódico “ABC” y diversas publicaciones en cartas al director en “El Mundo” de Valladolid y “El Norte de Castilla”, actualmente coordinador de las jornadas literarias de Ateneo Escurialense.

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