RELATOS SALVAJES: “Sí quiero”

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“Sí quiero”

Todo comenzó mucho antes del día de la boda…

En realidad ese “sí quiero” fue un pacto entre madre e hija que nadie conocía y que tiempo más tarde tan solo algunas personas muy cercanas a la familia descubrirían.

Marí Luz no tenía un padre reconocido, había sido concebida de una manera extraña; en el pueblo se decía que Manuela, su madre, fue violada, pero el violador jamás dio señales de vida y Manuela nunca quiso hablar de ello. Lo único de lo que todo el mundo estaba seguro era de que el violador vivía entre ellos y paseaba con tranquilidad por las callejuelas de Sorrio. Desde entonces, en esa diminuta aldea gallega, los paisanos vivían el día a día con cierta inquietud y temor por lo ocurrido.

Manuela ahora tiene cuarenta años; tuvo a Mari Luz cuando apenas había cumplido quince añitos. No olvida que cuando era muy pequeña, pero lo suficientemente mayor para darse cuenta, sus padres, analfabetos y pobres, emigraron a Argentina, decidieron buscarse allí vida. Por aquel entonces no tuvieron más remedio que dejarla en un orfanato, donde monjas y sacerdotes se hicieron cargo de ella. En aquel lugar frío y lúgubre era una más de entre tantos niños abandonados por la miseria. Allí mismo, y también en la escuela, comenzaron los abusos sexuales que la marcaron de por vida. Pero Manuela se hizo fuerte en apariencia y su silencio siempre fue un arma oculta, quizá una venganza. El miedo, su juventud, las amenazas, la vergüenza y una soledad estremecedora la hicieron callar y continuar con su día a día, como si no pasara nada.

Manuela pronto se tuvo que marchar del orfanato para dejar espacio a otros niños; abandonó la escuela y se  puso a trabajar en el campo con una familia que tenía una granja de vacas caldelanas. Allí, cerca de la ermita del Santo Adrián, una tarde de domingo que nunca olvidará, fue violada una vez más por el mismo violador de marras. Esta vez quedó encinta y esto, en parte, le salvó su existencia pues su acosador, para no dar pistas en la aldea, desapareció de su vida y dejó de acosarla.

Mari Luz y Antonio, su novio, uno de los hijos del granjero donde Manuela trabajaba, decidieron casarse. La ceremonia se celebraría en la ermita del Santo Adrián y, aunque había un joven sacerdote recién llegado, Manuela insistió en que el oficio lo celebrara d. Pascual, el sacerdote de allí de toda la vida, que aunque ya no ejercía vivía en una casa cercana a la iglesia y conocía bien a la familia. Para él fue una gran sorpresa que lo eligiera Manuela y accedió de muy buen grado a oficiar el casamiento de su hija.

A la ceremonia no fue mucha gente, la poca familia de Antonio y Mari Luz y algunos amigos de la pequeña aldea. La ermita del Santo Adrián estaba decorada con flores de los prados situados alrededor de la misma desde donde las vistas de los acantilados de esa zona del mar Cantábrico eran impresionantes. Daba miedo y mucho vértigo acercarse demasiado a ellos.

Después del sí quiero se hizo una pequeña fiesta alrededor de la ermita. Se colocaron unos caballetes con unos largos tablones de madera que hicieron de mesas, unos manteles de papel a cuadros blancos y rojos y unos cuantos bancos de madera de la ermita hicieron de sillas; allí mismo, alrededor de ellos, se sentaron todos para beber en abundancia vinos de la tierra y comer empanadas gallegas, chuletones de vaca de la granja y las deliciosas castañas con leche que había preparado doña Amparo, la mejor repostera del pueblo; estaban dulces y sabrosas pero había que comerlas con cuidado para no atragantarse. Toda aquella ceremonia era modesta y muy acogedora; si alguien tenía ganas de hacer sus necesidades se ausentaba de la mesa y se perdía en el bosque. Los gaiteiros tocaban bailes populares que todos los presentes conocían y que, ya de noche y bastante embriagados por el exceso de alcohol, bailaban y cantaban desafinados; todo el mundo brindaba sin parar para celebrar la felicidad de este matrimonio, de esta pareja que comenzaba una nueva vida.

Don Pascual, el sacerdote, que no había parado de engullir y de beber Albariño en toda la tarde-noche, se levantó para hacer sus necesidades en el bosque, y fue entonces cuando Manuela y Mari Luz cruzaron sus miradas, llenaron sus bolsos de castañas con leche, se levantaron con discreción de la mesa y lo siguieron. La noche y el bosque las ocultaba. Cuando d. Pascual se levantó el hábito para orinar, Manuela lo agarró de sus partes con tanta fuerza que le hizo sangre. Mientras tanto Mari Luz con una de sus medias de nailon blanco le anudó con fuerza la garganta y lo estranguló. D. Pascual, que estaba muy mayor y muy borracho, no opuso demasiada resistencia. Madre e hija, con miradas de complicidad, comenzaron a partirse de la risa, pues el pene violador del sacerdote era tan minúsculo que apenas podían verlo, parecía un cacahuete pequeñito. El padre Pascual abochornado y moribundo calló al suelo desplomado casi de inmediato, se golpeó en la cabeza con una piedra puntiaguda y en su agonía miró a los ojos de Manuela por última vez; ésta  no paraba de reír. Las asesinas le llenaron la boca de castañas con leche y lo tiraron por el acantilado que tenían justo al lado.

– Ahí va tu padre, hija.

La fiesta siguió como si nada hasta altas horas de la madrugada. Fue una noche alegre y muy divertida.

La guardia civil encontró el cadáver entre las rocas la mañana del día siguiente. No hubo una investigación a fondo y archivaron el caso sin más. Todo el mundo quiso entender que el párroco se atragantó con las castañas y borracho se precipitó por el acantilado.

El teniente sabía de d. Pascual más de lo que parecía y el pueblo también…

 

Moon

Mago Blanco

Mago Blanco: Fº Javier Flores Nácar Administrador y Creador del "Grupo Si Estas Estoy y del programa de Radio-Online Sonidos Flamencos. Apasionado del Diseño Web, la música, la originalidad, las personas,, Un amigo si tu lo eres... Si Estas...Estoy...

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