Taller de escritura de Tomás García Yebra: ¡A que está caendo!


 

¡A que está caendo!

Puedo empezar a escribirte sintiéndome poalleira,​ gotas de agua como partículas de polvo en el aire, como -poco a poco- caerán estas palabras en papel.

Así, al igual que cuando el agua es babuña,​ ​ me desliza gélida y suave una pregunta desde hace ya bastante tiempo: chuvia, ¿por qué será que hay personas que te detestan en temporada?

Siempre me pregunté qué hay de malo en que el cielo llore unos cuantos días seguidos, en por qué este precioso fenómeno gusta tan poco a tantas personas. ¿Será por la pérdida de esa falsa ilusión de control que genera en nuestras vidas?; me asombran las personas que todavía creen tenerlo; de hecho, esa forma de vivir se me parece a un fuscallo​ de invierno, esa niebla que, sin darte cuenta, te cala hasta los nervios.

Será por el tráfico, los semáforos hablando solos, el sonido de los claxon retumbando en el estrés colectivo, las alcantarillas que, por veces, se rebelan y comparten sus olores con el resto de transeúntes. ¿Y si esta amargura irracional de ver llover otra vez estuviera relacionada con el sentir la tristeza? Me pregunto por qué nos ruborizamos con la idea de que nos vean llover…  quiero decir que, cuando lloramos, llovemos por dentro. Si no nos gusta el agua que se instala varios días en nuestro cielo, qué decir de ese orballo​ liviano que empapa cuando viene desde nuestras propias nubes.

Estoy convencida de que a choiva​ es lo que hace a mi tierra y su gente tan especial.

Tenemos el cielo más empático de todos los cielos, llora en casi todos nuestros entierros. Para algunas personas es más fácil chuviscar​ sus lágrimas cuando se camuflan en la piel, cerrando el paraguas y también la vergüenza. Es así como, por escasos minutos, se derrite la sarabiada​ que congela ahí, ahí, muy dentro. Más que los claxon, cuando chove a arroiada​ -y su contienda con el parabrisas del coche- es el sonido del futuro incierto más cercano: se desata la misma fuerza que al introducir la llave en la puerta, sintiendo el calor de leña y hogar. Abandonar las botas empapadas de cansancio y de los charcos heredados de cualquier patiñeira​ ​ de jueves y sonreír, por fin, a quien más quieres. Y aquella calma orballada​ en soledad, deslizándose sin vértigo a través de las ventanas, confesando secretos a los cristales internos del oído. Conozco treboadas​  ​ que dieron el más oportuno de los abrazos, con rayos agrietando compactas corazas, tronando historias vestidas de certezas, retumbando en cementos frescos de olvido.

Ya no recuerdo si la nostalgia era una parte de mí o una parte de mí se quedó en Galicia en forma de nostalgia, lo cierto es que cuando llega el puntual bochorno adelantando el tremendo ​trebón​ de la meseta, me siento como en casa. Pero en Madrid escampa​ de repente, el agua cesa de caer de una forma casi injusta. Qué le voy a hacer, la añoranza me habita como ​brétema,​ condensando agua en el oxígeno de todos mis puntos de vista. Descubrí que hasta que no sientes dentro de ti la morriña ​caer a barrullo,​ no entiendes la importancia de la ​chuvia ​en la vida.

¡A que está caendo!​ Pues sí, abueliña, ​a que está caendo.​ Sobran motivos para reconocer el legítimo derecho a esta ​chuvia ​de tristeza, eso sí…​¡nunca choveu que non escampara! 

 

 

                                                                                                                     Loredana

 


Cosas de un Pueblo no se hace responsable de los comentarios vertidos en la web. Todo usuario que comente por primera vez pasara por un control de aceptación. No se publicarán, insultos o demás que puedan resultar ofensivos para cualquier persona. Los comentarios con mails "temporales" no serán publicados, y se les identificara como spam. Solo aceptamos correos “verdaderos” como: Hotmail, Gmail, Outlook, Yahoo… .

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de privacidad, pinche el enlace para mayor información

ACEPTAR
Aviso de cookies