Taller de escritura de Tomás García Yebra: Cena de Navidad


 

CENA DE NAVIDAD

Ambos conocían cuál iba a ser su triste final, aunque muy placentero para otros. Ser pavo en Navidad no es muy alentador, y más cuando reconoces a tu pavo, que sientes nostalgia de lo que no has vivido.

¡A saber!… antes de haber llegado a huevo en esa granja, ¡cuántas correrías por esos prados…!

Él lo admitió y le dijo a su pava que su nostalgia era por no haberse atrevido a correr. Si no hubiera comido tanto, se decía, podría haber corrido más y no hubiera alcanzado este peso ideal para que me lleven al mercado, y de éste a la cesta y luego…

-¡Ay! -dijo Lucrecia, la pava-, por favor no sigas. La historia me la sé de memoria, pero ahora voy a ser protagonista, y no puedo dejar de pensar en toda nuestra familia; de nuestros pavitos… ¿recuerdas?, ¡qué lindos!… Me separaron tan temprano de ellos que no los pude criar, ni proteger bajo mi ala. ¿Cuál habrá sido su futuro? Creo que se los llevaron a otra granja; si no, seguro que los hubiera encontrado.

Continuó Lucrecia:

-¡Ay Amapolo ¡tengo miedo. Sera todo rápido, ¿verdad? Pronto nos separaran definitivamente. Ahora sí que le pediría más cerveza al amo; pero ya no le interesa engordarnos más.  ¿Recuerdas los primeros días, qué rara nos sabia?, y luego la risa tonta que nos entraba con solo mirarnos, aún de reojo, y cómo tropezábamos llegándonos a chocar pluma contra pluma…

-¡Ay Lucrecia mía, ¡sí!, cuánto más hubiéramos podido vivir juntos. Y haber saltado la cerca y alcanzado el otro prado; alimento no nos faltaría. Recuerdo escuchar algunas mañanas azoradas de viento o en las noches cálidas del verano, el arrullo del agua del riachuelo. Hay tierra húmeda por allí y matorrales bajos con bayas frescas…. Mañana es día de mercado. Estaremos juntos, que es lo importante, mi Lucrecia. No nos dejemos llevar por la nostalgia de todo lo que podíamos haber vivido, ni nos pongamos tristes ahora por aquello que no nos atrevimos a vivir.

Todo tiene su tiempo, recuerda las historias que nos han ido contando nuestros ancestros desde aquel siglo en que al primero de los nuestros lo trajeron desde México….

Desde entonces nuestra vida es más corta. Y pesa el trágico final. Terminaremos encima de una mesa, posiblemente sobre la mejor vajilla de esa casa, acompañado de arándonos, patatas… y de familia y generaciones.

 

                                                                                                                        Purificación

 


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