ÚLTIMO GRITO EN LA MODA

Ricardo Ruiz de la Sierra

 

Algunas de las muchas mujeres jóvenes que se ven por la calle agarradas de la mano y con un perro en la otra, son mentalmente niñas que quieren seguir jugando a las muñecas o adolescentes que quieren una “fiesta de pijamas” todas las noches con sus amigas. Están muy preparadas académicamente para ganarse la vida, seguramente son muy exitosas profesionalmente, pero en lo personal el rasgo principal es la inmadurez, problema principal de la sociedad en que vivimos. Al can le colman de atenciones como al niño (la responsabilidad no es la misma) que no quieren tener con un hombre. En “peti-comité” la mayoría se consideran bisexuales.  Desde pequeño conozco y admiro a bastantes lesbianas que han conseguido vivir su vida a pesar de las dificultades de hace cuarenta años (tenían que decir que eran amigas compartiendo piso) por eso entiendo perfectamente el día del orgullo gay. Pero aquello no tiene nada que ver con esta moda consecuencia del hembrísmo supremacista, el afán de revancha por el patriarcado tradicional o por simple “lamento vaginal”[1]. Esta generación ha crecido sin límites en el plano personal, son individualistas, y tienden a probarlo todo. Curiosamente en la mía muchos perdieron la vida por las drogas al intentar escapar de lo contrario: la presión de una rigurosa educación que causaba muchas neurosis del tipo “odio a mi padre” (otros también se engancharon por inmadurez). Algunas mujeres de la “nueva ola” sobre reaccionan a la figura paterna: rechazo al sometimiento materno o la imitan por “complejo de Electra”.

La mujer primero se liberó de parir como una coneja, después de trabajar como burras (en casa), después de los maridos adúlteros (nunca se ha aceptado, ni ellas ni la sociedad, al maltratador) y finalmente se liberó sexualmente. Pero, a mi modo de ver, la mujer actual se ha pasado de rosca, hay un bandazo hacia el otro extremo… seguramente instrumentalizada por la “Ideología de Género”. Las ideologías son las nuevas religiones. Ahora andan discutiendo sobre si la condición de mujer es lo que se siente sin tener nada que ver con la biología o si es ético desde el punto de vista de género que los transexuales se operen. Síntoma, a mi parecer, de la atención obsesiva de las personas a sus estados de ánimo y que muchos acaban en tratamiento esquizoide. Algunas mujeres están hoy más pérdidas que el hombre, al principio de esta necesaria revolución. En vez de mejorar la hipocresía en las parejas imitan la caótica promiscuidad masculina, en vez de buscar la conciliación de vida laboral y familiar han copiado al estresado ejecutivo agresivo, sin tiempo para la experiencia más completa del ser humano: un hijo.

Creo que los hombres hemos ganado en la desaparición de los viejos roles. Los homosexuales han podido salir del armario y dejar de amargar a la esposa. Aunque, en mi opinión, en ellos hay otra sobreactuación, sobre todo en el mundo de arte, el espectáculo y la televisión. También está de moda lo gay. Con el cambio social los hombres podemos llorar en público, mostrarnos sensibles y hemos descubierto, entro otras cosas, lo maravilloso que es criar a nuestros hijos, pese a que también tengamos que compartir las tareas del hogar y que, de momento, la tortilla se haya dado la vuelta. El hombre es discriminado en los tribunales de justicia.

El que no asume su condición sexual se amarga y amarga a todo el que tiene al lado. Solo tenemos una vida y el deber de elegir como vivirla, de darle un sentido propio. Por eso no juzgo los gustos de nadie, al contrario, solo trato de hacer reflexionar sobre si nos equivocamos nosotros mismos al tomar decisiones (es inevitable y sano porque sirve para aprender) o nos equivocamos por otros… lo cual es muy triste.

La última liberación de mujeres y, de hombres, en occidente está siendo la familiar. Se calcula que dentro de treinta años dos tercios de las personas vivirán solas y solo la mitad de las emparejadas tendrá hijos. Ya sábemos que la baja natalidad es incompatible con el mantenimiento de los estados del bienestar, pero lo que no sabemos a nivel emocional es a que nos conducirá la inmadurez, el individualismo, el teletrabajo generalizado, la compañía virtual… tal vez a ¿un distanciamiento social permanente? Dice una psiquiatra, que los trastornos de la personalidad narcisista están aumentando y otro asegura que la familia (tradicional o nueva, la de una persona no lo es) es imprescindible para nuestra salud mental pues es en el hogar donde se apaciguan y amortiguan casi todas las frustraciones diarias.

[1]  Colita, fotógrafa de la movida madrileña ya jubilada “Detesto el lamento vaginal. Yo jamás he tenido problemas en mi trabajo por ser mujer ”

 

Ricardo Ruiz de la Sierra

Ricardo Ruiz de la Sierra, es un escritor que empezó a escribir movido por su inquietud humanística y el interés hacia la espiritualidad y colaborador de medios tan prestigiosos como el periódico “ABC” y diversas publicaciones en cartas al director en “El Mundo” de Valladolid y “El Norte de Castilla”, actualmente coordinador de las jornadas literarias de Ateneo Escurialense.

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Respuestas

  1. Esteban González dice:

    Opinando respecto a la mujer. Que necesita ella, si es inmadura , si es infantil. Si necesita hijos o necesita un hombre. Y si dejamos que finalmente ellas se expresen? Hablé en primera persona de usted, de ser hombre. Las necesidades de las mujeres déjelas que lo expresen ellas. Saludos

  2. m.s.del rio dice:

    Me encanta lo de hembrismo. Creoq ue lograríamos un buen tandem si tuviéramos el tiempo para charlar e intercambiar ideas. Cuando vuelva lo hacemos seguro.

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