Viajar

noticia patrocinada

 

Alberto V. Jiménez Muñoz

Quizás ese punto en el infinito, más allá del horizonte, tuviera la respuesta, o no, pues mi interior se retorcía indagando sobre un supuesto al cual no acababa de dar salida. Mientras la mirada viajaba, allá, lejos, a algún sitio…El ser humano precisa de sensaciones a través de los sentidos que le hagan crecer, le alimenten y hagan contrastar el aprendizaje y sus recuerdos, experiencias, con  lo nuevo, las nuevas sensaciones, y de esa interacción, de ese reflejo de uno mismo en las circunstancias a través de los sentidos, de esa identidad que hace a uno a través del recuerdo y lo refleja sobre su presente, nace una nueva versión de nosotros.

El hombre, desde que apareció como tal, con esa consciencia de sí mismo y de su entorno, precisó de movimiento para saciar sus curiosidades, movimiento interno tanto, así como externo. Ahí llegué al punto de preguntarme ¿qué nos hace viajar, más allá de un fin laboral o alguna necesidad vital? Muchísimas veces escuché “me gusta viajar”. Dicho esto, así, suena muy impropio e inexacto. Hay muchas personas que expresan esto mismo, y cuando vuelven de su viaje, les preguntas sobre donde estuvieron y no recuerdan con exactitud, les preguntas que es lo que vieron, que tal fue su periplo, y te comentan sobre ciudades grandes, sobre mucha gente, sobre iglesias , edificios y museos muy bonitos, sobre comida muy rica, pero no saben indicarte a ciencia cierta qué  y  cómo era, cuál era el encanto de esto y lo otro, más allá de decir que todo era muy bonito, muy grande y con mucha gente turista.

Por todo esto llegué a la conclusión de que a ciertas personas si se las pusiera una venda en los ojos se las metiera en un medio de transporte durante tres horas, volviendo a la ciudad de origen, a una parte desconocida de su propia ciudad para ellos, el ínclito o ínclita, tendría la sensación de haber viajado a otro lugar, con aquella curiosidad de exotismo, que decaería en el momento que descubriéramos la tomadura de pelo de que les hemos llevado a su propia ciudad pero a otra parte que no conocían, por lo que observaríamos que el viajar en muchos casos no es tanto en cuanto una situación física sino mental. El hecho de coger unas maletas, de subirse en un autobús, u otro medio, de moverse, de pensar que nos alejamos, engaña también a nuestro subconsciente y nos da paz, al pensar de que nos alejamos y rompemos con una monotonía, aunque luego no nos enteremos de lo que hemos visto y todo nos parezca “muy bonito”…no obstante, apunta este que escribe, debiéramos ser conscientes de nosotros mismos en el sentido de que aun existiendo todo esto del alejarse físicamente, no es necesario acudir a estímulos externos para alejarnos de nuestros problemas, debiéramos aprender cuando no hay tal posibilidad de viajar, a ser realistas y saber engañar a nuestro cerebro con otras artes, ya que el “florero” que no nos gusta va a estar en el mismo sitio aunque no lo veamos sea a 2 km que a mil km.

Más allá del factor psicológico y de huir de uno mismo,  como si huyéramos del demonio de nuestro fustigante presente mediante el cambio de escenario, el viajar con un fin concreto consciente, anida en un gran contingente de personas, viajeros que buscan conocer algo concreto y específico, un lugar que han leído y quisieran conocer de viva presencia pues quizás tenga un significado propio, un tipo de edificios, o aquellos que el fin concreto es a su vez algo general , conocer diferentes culturas, contrastarse en ellas, aprender de y en ese contraste de costumbres y atavismos humanos, entrecruzando las propias y ampliando el cono antropológico, más allá del entorno de costumbres vecinales. Hay viajes gastronómicos, pues el entorno y cultura proveen de productos propios de la zona y la forma específica de utilización, preparación, etc…ahí vemos como ya se entrecruzan   varios factores.  Hemos hablado de factores etnológicos, pero como la palabra es muy próxima aun así el significado es diferente, hay viajes enológicos, a través de aquellas zonas productoras de diferentes caldos, apropiados en función de clima de la zona y tratamiento por parte de la comunidad oriunda.

Otros prefieren hacerlo en busca de aventura, objetivo un accidente geográfico, una montaña, por ejemplo, el Himalaya y desplegar sus habilidades, destrezas y sinergias montañeras, al igual los senderistas. También los que buscan la naturaleza en su esplendor, submarinistas o aquellos que se enfundan un traje de Indiana Jones coronado por su correspondiente salacot a la búsqueda del estudio del biotopo, biocenosis, etc…o simplemente safari o supervivencia.

El hecho de viajar, haciendo que el medio de transporte sea a la vez un medio de ocio y fiesta, se da en los cruceros, donde se difuminan los diferentes destinos, ya que lo que se busca principalmente es el ocio. Permitidme sobre esto una reflexión que en muchas ocasiones me he hecho, quizás me equivoque  pero, a veces creo que los cruceros son el colmo del ser humano que al no facilitar la sociedad medios de acercamiento y vivir en un mundo que tiende al individualismo, se busca en el crucero, crear una ciudad ambulante en la que se faciliten medios de distensión y acercamiento entre gentes, a veces  me cuestiono si en verdad es viajar, o más que eso, el tener una actividad como fin, en algo que trasiega de un sitio para otro, buscando artificialmente mediante sus divertidas actividades, aquello que no nos provee la comunidad de manera espontánea e incluso lo dificulta, a veces pienso interesadamente, aun así  no estoy diciendo que un crucero no divertido, al contrario.

Yo diría que existen tantas maneras de desplegar nuestras aficiones y ocios originales, en un viaje, cuanto este suponga un enriquecimiento y contraste en nuestra afición motivo del viaje. No hablaré del “viajar” por motivos oscuros, prostitución, sexo…

Cuando no es tanto el huir de uno mismo pues no hay necesidad, pero, aun así, cortar con la monotonía y no nos enteramos concretamente, sobre el destino, y nos dedicamos simplemente a pulular, personalmente lo denomino trasegar.

En mi estancia laboral de diez años en Barcelona y alrededores, conocí una pareja oriundos de un país sudamericano, ella de raza japonesa oriunda al igual que él del propio país sudamericano, a quienes fui presentado través de mi pareja de entonces que estaba realizando la tesis en la universidad de Barcelona con ellos. Ellos aseguraban un verano haber conocido 30 países en su periplo por Europa en el transcurso del mes de sus vacaciones, aun así, les instabas a que sólo había sido estancia en las ciudades de paso, e insistían que no, que habían conocido tales países…

Otra cosa a apuntar es que el mundo es muy amplio, y por ello, el no viajar, así como el viajar a tantísimo sitio hace que nuestro discurrir en el tiempo sea efímero, en el segundo caso, y sin profundizar en lo que vemos, al discurrir por tantísimos lugares en tan corto tiempo, y donde quizás no volvamos nunca más. Ambos casos son los dos extremos que se dan la mano, y su resultado será la mezcla de tantísimos datos en tan poco tiempo, sin capacidad de saborear, absorber y en su caso, resituarse al cabo del tiempo en el recuerdo de tantísimos lugares en cientos de periplos. Algo así, salvando distancias, como oler en cuestión de minutos, muchos perfumes.

¿Recordáis cuando hablé de coleccionismo? Aludí a que prefiero tener un contingente representativo de radios antiguas en mi colección, a las que pueda dedicarme y disfrutar, que no hacer como aquellos coleccionistas compulsivos que tienen incluso más de mil radios antiguas, a las que su persona no puede dividirse para disfrutar de todo su contingente. Algo así pasa cuando viajamos por viajar, compulsivamente, a tanto y a ningún sitio. Soy de los que piensan que hay que saborear las cosas, y que debiéramos tener objetivos. A veces es bueno insistir varias veces en un mismo lugar para no solo hacer el viaje horizontal o de paso, cuanto sí hacerlo también a modo vertical, de pensamiento cultura, atavismos descubrir sus reacciones y su devenir en el tiempo que dio lugar al entorno procesado a través de siglos de cultura, experiencia y pensamiento.

Enfocando bien la experiencia puede ser muy enriquecedora y por ende siempre generaremos, consecuentemente un viaje introspectivo posterior.

Cosas de un Pueblo no se hace responsable de los comentarios vertidos en la web. Todo usuario que comente por primera vez pasara por un control de aceptación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de privacidad, pinche el enlace para mayor información

ACEPTAR
Aviso de cookies