YO TAMBIÉN ESCRIBO

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Hoy se estrena como colaborador Ricardo Ruiz de la Sierra, con su opinión sobre las vicisitudes y problemas que se encuentran hoy en día cualquiera que tenga la idea de dedicarse a la escritura, como tantas cosas parece que los amiguismos y demás imperan como casi es costumbre ya en este nuestro querido país.

Bienvenido Ricardo y esperamos muchos más de tus artículos de opinión y demás.

Cosas de un Pueblo.


Ricardo Ruiz de la Sierra

He leído en una revista las respuestas a porque escriben medio centenar de escritores y observo que son muy variadas las razones pero es innegable una en común, fundamentalmente escriben porque se lo publican o publicarán (en una columna de opinión o en libro cada dos o tres años según el contrato, a ser posible después de adjudicarle un premio que lleva implícita la publicidad). A ver quién de estos resistía escribiendo si no conocieran a nadie en ese pseudocultural mundillo.

Yo haría otra pregunta a los lectores ¿porque leen lo que estos señores escriben tan bien si: no saben de que? (dice Francisco Ayala); lo hacen para pagar una hipoteca o son ateos necesitados de trascendencia (digo yo); es una terapia contra la tristeza (alguno lo reconoce) o pura vanidad (aseguraba Unamuno) desde que la profesora del colegio les alabó la primera redacción.”Lo que menos importa de un libro es que este bien escrito” decía A. Machado. Añadiría ahora que todavía es menos importante el formato, digital o en papel. El caso de la poesía es paralelo, la que se publica se ha hecho tan críptica que no la entienden ni los editores (en palabras de Visor) y según J. Sabina la ha sustituido la canción porque sigue contando historias.

Las pequeñas editoriales que apostaban por cosas interesantes han sido absorbidas por las grandes y han reemplazado a los que tomaban decisiones por mercaderes. Los sellos independientes que recogen el testigo de calidad están desbordados y tienen planes cerrados a dos años vista (según el escritor Ronaldo Menéndez). Los grandes sellos editoriales ejercen una verdadera tiranía sobre las librerías y por lo tanto sobre lo que se puede leer aunque la obra, con “obsolescencia programada” sea mediocre. Una película, un cuadro o una canción mala son mas difíciles de vender que una mala novela. Desde luego el empresario M. Lara supo hacer del libro un negocio formidable en los ochenta del pasado siglo pero ha sido nefasto para la literatura y en general para el arte. En los últimos años he escuchado a muchos lectores decir en “petit comité” que no les ha gustado la última “novedad narrativa” de esas acompañadas de mucha publicidad y favorables críticas o que esto del lenguaje escrito empieza a parecerse a la pintura moderna: “cosa de entendidos” y eso que nuestra generación es la mejor preparada que hemos tenido. Tal elenco de autores profesionales de la narrativa, salvo raras excepciones, no parece igualar la calidad de los grandes novelistas del pasado quizá porque ya se han cobrado las mejores piezas, o porque eran sobre todo pensadores que escribían.

Yo también voy a responder esa pregunta que nadie me ha hecho y eso que ya llevo escritas cinco novelas autoeditadas (ensayos novelados o narrativos) después del trabajo. Me gano la vida trabajando y puedo seguir siendo fiel a lo que el corazón me dicta. A mi me mueve el afán de hacer reflexionar sobre los grandes temas que tiene que ver con el ser humano y continuo después de casi veinte años porque estoy convencido de que es útil. No encuentro libros como los míos en las librerías y según mis poquitos lectores se merecen un hueco. Por supuesto que yo también escribo para que me lean millones y que me digan que les ha gustado pero sobre todo por los problemas sociales de los que me ocupo.

Es curioso pero ningún agente del sector se plantea para incrementar los niveles de lectura de la población elevar la calidad de lo que se publica. Dice E. Vila-Matas “la literatura está condenada por la industria del entretenimiento… que ha erradicado todo lo que va cargado de sentido o parece intelectual… creía que en las novelas por venir la acción se difuminaría en favor del pensamiento. Una novela en la que se mezcle lo autobiográfico con el ensayo”. Somos muchos escritores desconocidos con otros tantos manuscritos que ningún editor se molesta en recibir, ni siquiera leen unas líneas explicando de qué trata, por que no somos periodista en activo, famosos o tenemos un padrino. Manuscritos que con la labor de asesoramiento y corrección de estilo de los lingüistas de la editorial (como a los famosos) muchos se convertirían en libros más interesantes para el gran público de los que hay a su disposición. En mi opinión en vez de decir tantas veces: ¡No! habría que valorar la obra por muchas que reciban para que no se les escape la calidad y no dar tanta importancia a la firma.

Los economistas, administradores o directores de las editoriales no solo no entienden nada de buena literatura sino que doy fe que no tienen la mas mínima cortesía con el artista ni respeto por su obra (John Kennedy autor de la “Conjura de los Necios” se suicido por ello y luego ganó el Pulitzer a título póstumo), solo aceptan las galeradas si es por medio de un conocido (que no es lo mismo que padrino) y a regañadientes. La mayoría de las veces ni te contestan y cuando a los dos años le pones un escueto e-mail lo hacen con otro más escueto: “Hemos estudiado su obra y no encaja en nuestro catálogo” (ej. Lucía Luengo responsable de Ediciones B). Yo me pregunto ¿pero se lo habrán leído también? Ni siquiera se leerán nuestras novelas en los premios literarios, supuestamente abiertos a los autores desconocidos, por que están dados o el jurado elige entre muy poquitos. Me ha contado un escritor que le contratan aparte del jurado para que rescate alguno de los que van sin enchufe para entrar en liza leyendo tres páginas del principio, el medio y el final. El ganador del “Biblioteca Breve 2016” ya ha demostrado todo lo bueno que es con la media docena de novelas editadas por Seix-Barral para que se van a arriesgar. Que contestarían Don Miguel de Unamuno, Pío Baroja o Valle Inclán si se les invitara a ganar el premio Planeta. Son empresas privadas y hacen lo que quieren pero al menos no nos traguemos que son los mejores y representan la cultura actual. Hasta los premios que pagamos todos con nuestros impuestos están acordados entre los agentes literarios y las editoriales (reconoció en público Lucía Etxebarria premio Planeta y Cervantes) y por su puesto los que se conceden a toda una trayectoria, como el Nobel, si no incluyen la autoedición nunca tendremos ninguna opción.

Lo malo es que los editores lo único que garantizan en sus libros es que no tienen faltas de ortografía ni siquiera que entretengan. Luego nos quejamos de la connivencia entre políticos y constructoras pero en este caso es entre políticos y grandes sellos editoriales que además manejan los medios de comunicación (Planeta tiene hasta una cadena de televisión). Y por supuesto los autores, fundamentalmente trabajadores de esos medios. La literatura es la puerta giratoria de los periodistas. Ellos se lo guisan y ellos se lo comen.

Las diversas Administraciones que tiene que ver con la Cultura (Ministerio, Consejerías Autonómicas y Concejalías) subvencionan a los grandes grupos pero no a la autoedición (en Francia conceden becas para que autores nóveles puedan terminar sus obras). Muchos políticos tienen aseguradas sus autobiografías o sus escarceos en literatura.
A muchos de nosotros nos gustaría encontrar una editorial, aunque sea pequeña, que apueste por otra literatura que además de entretener, haga pensar, que mezcle la filosofía con la acción, la psicología con la ficción, la Historia con la realidad. Esa nueva novela puede ser comercial. Nos parece que debemos tener más oportunidades en este mundo editorial monolítico. Donde ofrecen la posibilidad a cualquier “invitado a programas de famosos” para que escriba un libro y si no sabe se lo escriben (como las canciones de Eurovisión). O pagan anticipos a los autores de “oficio” que no han empezado a escribir su próxima obra, aunque luego sea un autentico ladrillazo bien escrito.

Muchos opinamos que no es bueno para el arte en general la profesionalización y que en la literatura faltan intelectuales que escriban. Estos para escribir solo les hace falta algo que querer contar (jamás se enfrentan a un folio en blanco) y tiempo para hacerlo y corregirlo, como los políticos, una legislatura o dos. Yo no quiero perpetuarme como ellos y engañar a la gente o viajar a países exóticos para no repetir hasta la saciedad gilipolleces con un estilo brillante y amplio vocabulario.

No sé si es un triste consuelo como dice Mario Vargas Llosa en su discurso del Nobel pero a veces pienso que es mejor estar sinedie que pertenecer a esta industria del entretenimiento. Ojalá hubiera una operación triunfo en la literatura y fuera el lector el que decidiera que manuscrito merece la pena ganar un premio literario porque es una “obra de arte”. A mí de momento el mejor piropo que me han dicho en internet de mis e-book, donde todavía hay más basura, es que en vez de leerse de un tirón han tenido que ir despacio o leerla una segunda vez. Como decía el poeta y filósofo Antonio Machado: “libro que no merece la pena leerse una segunda vez no merece haberse escrito.”

2013-16

Ricardo Ruiz de la Sierra

Ricardo Ruiz de la Sierra, es un escritor que empezó a escribir movido por su inquietud humanística y el interés hacia la espiritualidad y colaborador de medios tan prestigiosos como el periódico “ABC” y diversas publicaciones en cartas al director en “El Mundo” de Valladolid y “El Norte de Castilla”, actualmente coordinador de las jornadas literarias de Ateneo Escurialense.

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